Durante
el primer año de trabajo de Fundación
Cima, las productoras de cine Martha Sosa,
Laura Imperiale y Tatiana Ortiz Monasterio entraron
en contacto con nosotros. En aquel momento estaban en
plena filmación de “Nicotina”, dirigida
por Hugo Rodríguez. Usaron uno de los carteles
de Fundación Cima en la película,
como parte del arte que se empleó para ambientar
“Nicotina”. El director estuvo de acuerdo
con esta decisión de ayudar a que la Fundación
tuviera más presencia en todos los medios. Era
apenas un granito de arena.
A partir de ahí nos propusieron la realización
de un documental cuyo objetivo fuera multiplicar el
trabajo de difusión hasta ese momento realizado.
La película podría contar la emotiva historia
de las mujeres que sobreviven el Cáncer de Mama,
una de las causas de muerte más frecuentes en
México.
Pensamos que la película podría funcionar
como una herramienta muy poderosa de difusión
para llegar a más personas más rápidamente.
De inmediato, todo el equipo de Fundación
Cima nos dedicamos a convencer a diferentes
patrocinadores para que apoyaran e hicieran suyo el
proyecto. Una película podría viajar a
cualquier parte en el país, hacer proyecciones
especiales en cines, en espacios públicos, compartirse
con instituciones educativas y de salud. Pero hacer
la película era lo primero.
Las productoras y nosotros planteamos
los primeros lineamientos sobre el contenido de la película.
¿De qué se trataría y de qué
no? Después fue que nos lanzamos a la búsqueda
del mejor director, que nos ayudaría a encontrar
la historia que estábamos buscando. Queríamos
a alguien muy talentoso y sensible. Después de
revisar mucho material y de entrevistarnos con varios
directores y directoras, nos dimos cuenta que la propuesta
de María Inés Roqué, quien acababa
de ganar el Ariel por su documental “Papá
Iván”, era la que más se acercaba
a la película que en contenido queríamos
hacer. María Inés además, se sentía
muy cerca del tema, pues su madre es una sobreviviente
de Cáncer de Mama. La película cobraría
una dimensión muy fuerte, como lo había
probado anteriormente con “Papá Iván”,
un documental sobre la historia de su padre. María
Inés aceptó el reto y a partir de ahí,
la película se volvió parte de su vida.
Una vez que nos pusimos de acuerdo
con María Inés y su propuesta en hacer
una película sobre la vida y no sobre la muerte,
que hablara de una experiencia límite como es
el Cáncer de Mama a través de material
testimonial, retratos vivos, material fotográfico
y la creación de imágenes abstractas;
una película que nos tocara profundamente y nos
hiciera pensar en lo que hacemos con nuestras vidas,
que tratara sobre la relación con nuestro cuerpo,
que nos invitara a cuidarlo, conocerlo y quererlo; una
vez que todas estábamos hablando de lo mismo,
fue cuando iniciamos el proceso de pre-producción.
Esa fue la película que soñamos juntas.
Se
inició entonces una preparación ardua
y cuidadosa para lograr el objetivo por retratar y contar
uno de los aspectos de esta realidad: El Cáncer
de Mama puede no ser mortal.
El
papel de la producción entonces fue el de acompañar
a María Inés en el proceso. Como toda
película, fue un trabajo de equipo. El objetivo
era arropar a la película y a la directora con
el mejor equipo de producción posible. Los talentos
se fueron sumando y la generosidad de compañías
patrocinadoras, compañías productoras,
el Centro de Capacitación Cinematográfica,
profesionales del sonido, la fotografía, la edición,
el diseño de arte, la pintura, la animación
y la música, se fue haciendo patente.
La
Fundación fue clave para encontrar a aquellas
mujeres que serían la voz y el rostro de esta
historia. María Inés entrevistó
a todo tipo de mujeres que habían padecido Cáncer
de Mama. Buscó en hospitales, en clínicas,
en los archivos de la Fundación, a través
de recomendaciones de médicos… la búsqueda
fue ardua, pues intentamos tener el mosaico más
amplio posible de mujeres tanto de edad, como de diferentes
realidades sociales.
El
proceso de realización de un documental siempre
es largo, pues cuando uno intenta atrapar la vida real,
la vida real tiene sus sorpresas. Todas las mujeres
que participaron en la película, que tan valientemente
nos abrieron sus casas, nos hicieron un espacio en su
agenda y más aún, nos dejaron entrar en
sus vidas y su corazón. Todas y cada una de ellas
son la fuerza que mueve esta película. Todas
convencidas de que participando podrían ayudar
a otras mujeres a prevenir esta enfermedad y en algunos
casos luchar contra ella.
El
trabajo de edición fue quizás la aventura
más fuerte. Había muy buen material y
era difícil escoger. La película fue tomando
forma e iba cambiando semana a semana. Nos concentramos
en conocer el material que teníamos y darle forma
para que fuera efectivo, claro y poderoso emocionalmente.
María Inés Roque y Tatiana Huezo tuvieron
jornadas muy largas para ir compartiendo con el equipo
de producción sus hallazgos y sus dudas.
Al
mismo tiempo, la animación sobre la autoexploración
se estaba realizando a partir de los dibujos hechos
con todo cariño por el Maestro Gilberto Aceves
Navarro. Este fue un trabajo riguroso y muy lento, como
todas las animaciones. Hecho con gran paciencia y talento
por el equipo de Alejandro Valle y Las Perlas de la
Virgen. Esta animación, que muestra claramente
cómo una mujer debe autoexplorarse cada mes,
tendría también la posibilidad de funcionar
por sí misma fuera del documental, en un video
o como extra en un DVD.
Una
cereza en el pastel fue cuando empezamos a escuchar
la música original compuesta sensiblemente por
Rosa Alamán y René Abrego. La película
cobró otra dimensión. Lena Esquenazi y
Nerio Barberis con el diseño sonoro le dieron
los últimos toques a todo lo que se escucha y
no se escucha en “Un día más”.
El
proceso de post-producción de la imagen fue también
toda una odisea que combinó la gran experiencia
de Pedro de la Garza, apoyado por las compañías
de postproducción Simplemente y Rushes; así
como la participación de Alberto Anaya en la
marcación de luces. El reto era que los diferentes
formatos que se usaron: cine, video, fotografías,
animación, tuvieran una armonía en cuanto
a color y calidad. Estamos muy orgullosas de lo que
pudimos lograr. Uno de los grandes retos de un equipo
de producción es cuando se logra que todos los
departamentos de la película trabajen con el
mismo objetivo, que es contar la misma historia de la
mejor manera posible. Es un ejercicio de profesionalismo
y humildad. Tener la voluntad de que nada ni nadie destaque
para que sea la historia misma la que tenga la mayor
fuerza. Ojalá que lo hayamos logrado.
El
equipo que se integró para esta película
fue en su mayoría formado por mujeres. La parte
masculina de “Un día más”
fue menor, pero no por eso menos talentosa y solidaria.
El Cáncer de Mama es una enfermedad que debería
importarnos a todos y a todas.
Todos
los que participamos en esta película también
hemos aprendido, haciéndola, que nuestra vida
es una, que a nosotros antes que a nadie nos toca cuidarla
y que todos los seres humanos somos vulnerables; pero
también justo en el terreno de la fragilidad
descubrimos nuestra fuerza creadora.
Nuestra
mayor ambición es que “Un día más”
sea vista por la mayor cantidad de personas posible.
Ya tenemos la película y estamos listos para
compartirla con todos los que quieran verla.
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