Para
que puedas acercarte con mayor facilidad a tus hijos,
y que ellos te entiendan mejor, es importante que utilices
el vocabulario y la información adecuada para
la edad de cada uno de ellos.
Siempre
es mejor que escuchen las noticias por ti, sobre todo
si es algo relacionado con tu salud. En caso de que
no te sientas emocionalmente preparada, pide a un familiar
cercano o a algún miembro de tu equipo médico
que hable con ellos.
La
decisión de decirles o no el nombre de la enfermedad
depende de la edad y madurez emocional de tus hijos.
Sin embargo, la verdad los ayudará a estar mejor
preparados y a conocer los posibles cambios y reacciones
que presente tu cuerpo y tu estado de ánimo.
En
este artículo te ofrecemos algunas recomendaciones
muy útiles, pero la mejor manera de hablar con
tus hijos siempre será la que te dicte tu instinto
maternal.
Cuándo
les debo decir a mis hijos
Después de ser diagnosticada, explícales
inmediatamente lo que sucede.
Cuando
recibas tu tratamiento, dales todos los detalles: cómo
lo están haciendo, los posibles efectos secundarios
en tu cuerpo y en tu estado de emocional, además
de los cambios que tal vez se tengan que hacer en casa.
Después
de que termine tu tratamiento, explícales cómo
está tu salud y los cambios que hayas vivido.
En
todo momento debes tener disposición para contestar
las preguntas que te hagan tus hijos y estar atenta
para detectar a tiempo si están preocupados por
ti.
La
importancia de la edad
Pequeño a preescolar (menor de 5 años)
A esta edad, los niños no perciben la diferencia
entre una gripe y una enfermedad seria como el cáncer.
La explicación que les des no debe ser complicada,
pero sí muy sincera.
Tienes
que decirles que habrá momentos en los que mamá
estará cansada para jugar y que también
será necesario tener cuidado con juegos bruscos,
siempre recordándoles lo mucho que los quieres
y lo importante que es su ayuda para que todo salga
bien.
Ellos
experimentarán un sentimiento lógico de
separación y el temor de ser abandonados, así
que procura dedicarles tiempo y mucho cariño
cuando te sientas con la fortaleza suficiente.
Si
te hospitalizan, haz los arreglos necesarios para que
un amigo o familiar se quede a cuidarlos. Habla con
tus hijos, asegúrales que pronto vas a regresar
a casa, y que piensas en ellos cuando estás lejos.
Cuando te visiten, sugiéreles que traigan uno
de sus muñecos favoritos.
Porque
a veces lo niños tienden a bloquear los asuntos
difíciles, tienes que estar muy pendiente de
ellos, incluso al año o más de finalizado
el tratamiento. Generalmente, cuando todo está
más tranquilo, ellos encuentran el momento para
sacar su angustia reprimida, pero no debes culparte
por ello. En caso de que el comportamiento se salga
de control, es mejor que busques ayuda profesional.
Edad
escolar (6-11 años)
No los presiones o preocupes con demasiada información.
Es probable que se sientan responsables de tu enfermedad.
Si es así, asegúrales que ellos no hicieron
o dijeron nada que pudiera provocarla.
Tus
hijos pueden mostrar pérdida de apetito, insomnio
o bajo rendimiento escolar. No es algo que deba alarmarte,
quizás es su forma de hacerte saber que están
contigo.
Adolescencia
Este periodo es sumamente difícil por los cambios
emocionales propios de los jóvenes. Les resulta
difícil entender la situación y demostrar
sus sentimientos o pensamientos.
Es
probable que se muestren reacios a hablar contigo porque
no saben cómo enfrentar tu enfermedad. Si el
diálogo es imposible, recomiéndales que
platiquen con alguien de su confianza, aunque no sea
un familiar.
Edad
adulta
Puedes encontrar más apoyo en tus hijos adultos,
ya que pueden ayudarte a realizar las actividades diarias
del hogar. Además, entienden mejor la situación
porque su madurez les permite comprender lo que te pasa.
Si tus hijos no viven contigo, tal vez puedan acompañarte
a tus citas con los médicos y a tus tratamientos.
Cómo
enfrentar la enfermedad en la familia
No es sencillo comunicar a los hijos y a la familia
lo que sucede. Toma el tiempo necesario para relajarte
y ordenar tus pensamientos. Lo mejor es que los anotes
en un cuaderno.
Pide
ayuda a los demás familiares, al equipo de doctores,
enfermeras, trabajadores sociales y sicólogos.
Todos ellos te pueden orientar para evitar la inestabilidad
familiar.
Para
empezar, no interpretes apresuradamente las reacciones
de tus hijos y de tus familiares. Recuerda que ellos
son un gran apoyo para ti por una razón muy simple:
así como ellos son lo más importante en
tu vida, tú lo eres en la de ellos.
Cómo
manejar la rutina doméstica
Organiza las labores domésticas para que todos
colaboren. Si tus hijos son pequeños y no pueden
apoyarte, pide ayuda a tus familiares y amigos. No trates
de hacer todo sola.
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