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Me dolia pensar que iba a morir y que me faltaban muchas cosas por hacer: Alejandra de Cima.
Fuente: Milenio
Fecha: 7 de abril del 2008
Por Cristina Renaud y Teresa Day

A los 30 años  cuando Alejandra de Cima estaba en medio del tratamiento contra el cáncer, se percato de que había hecho muchas cosas contra su voluntad. Entonces decidió que de ahí en adelante solo haría lo que determinara y que disfrutaría de la vida; fue entonces que se reinventó.

Alejandra de Cima es la presidenta honoraria de la Fundación Cim*ab, Asociación Mexicana contra el Cáncer de mama, A.C., cuya misión es educar e informar sobre las diversas formas de prevención del cáncer de mama, con el fin de ayudar a reducir el numero de muertes debidas a este padecimiento. Al analizar en retrospectiva su labor en Cim*ab refiere con seriedad: “A cinco años y  medio, veo muchísimos avances ante la percepción de la gente a un tema que de entrada es difícil, porque da mucho miedo”.

A través de años han ayudado a muchas mujeres que se han tratado a través del Instituto Nacional de Cancerología, otras muchas han recibido apoyo emocional y una cantidad mayor ha asistido a las platicas testimoniales. Ahora la Fundación esta haciendo un video que se llama Abriendo los Ojos para comunidades rurales, con el fin de que cada mujer de este país tenga esta información que puede salvarle la vida.

Esta brillante mujer nació en Guadalajara, en enero de 1971. La familia radicó en Mazatlán ya que su padre es originario de este puerto. Tras haber terminado la preparatoria. Alejandra fue a estudiar arte en la Universidad Americana de Paris. Allí tomó cursos de mitología, impresionismo  y post-impresionismo, así como un diplomado en traducción. Al mismo tiempo empezó a trabajar en el área de servicio comercial de la Embajada de México en Francia. Parece como si sus grandes ojos azules sonrieran cuando habla de aquellos tiempos.

A su regreso apoyó a nuevos talentos del arte nacional. En el año 2000 culminó el proyecto con la creación del portal de Internet: redplastica.com, en ese sitio se promovió la participación  de estudiantes y conocedores de arte en todo el país.

A mediados del 2001, se enteró que tenía cáncer de mama. Ha relatado infinidad de veces que comenzó a preocuparse al detectar una bolita en uno de sus senos, y como lo narra en su testimonio, no se quedó tranquila con el primer diagnostico, sino que insistió y eso le salvó la vida, porque la enfermedad le fue detectada a tiempo. Por fortuna, pudo recurrir a un tratamiento de excelencia sin dejar que transcurrieran más días.

De modales suaves y elegantes, se crispa un poco al recordar: “Lo primero que pensé cuando me dieron la noticia de que tenia cáncer, era que me iba a morir. En ese momento no tuve cabeza para hablarle a nadie”. Sus padres y sus hermanas Olivia, Mónica, Adriana, Fernanda y su hermano, Sergio estaban devastados por la noticia.  La mirada clara se le fija en el vació: “Me dolía pensar que podía morirme y de las muchas cosas que me faltaban por hacer”.  Antes de que le detectaran el mal, Alejandra carecía de información acerca de la enfermedad.

Rememora que en sus 30 años de vida no había visto un solo mensaje sobre la autoexploración, ni de cómo realizarla y de que podía hacerse en caso de encontrar algo anormal. Sus primeras reacciones fueron de enojo y decepción ante la vida; ella sentía que había sido una buena persona y que debía recoger lo que sembraba, más no una enfermedad tan terrible como el cáncer.

Con mucha fuerza de voluntad inició una curación de radioterapia que duró 3 meses y de lunes a viernes se enfrentó al tratamiento.  La absoluta determinación de curarse y las nuevas metas de cada día le inyectaron ganas de luchar. Habla del dolor físico y del miedo, pero también de la voluntad y la disciplina. “Durante ese período pensaba que lo que tenia que hacer era demostrarme a mi misma y a mucha gente que si podía, y que lo lograría; desgraciadamente llevé decepciones del tamaño del mundo y reacciones de la gente”.

Se desesperó, se sintió sola y traicionada hasta por la vida misma. Ahora entiende que mucha gente no esta preparada para enfrentar algo así cuando no estaba en su plan de vida, pero en aquel momento fue muy doloroso. Muchos de ellos, después le han pedido perdón o simplemente le han dicho que les hubiera encantado haber tenido la fortaleza para estar con ella, pero que eso de ser fuertes no era lo suyo. Alejandra ha tenido que aprender muchas cosas además de perdonar. Revela que practica yoga. Al tenerla cerca, se le percibe como una mujer rodeada de una calma etérea que privilegia el color blanco, tanto en la ropa como a su alrededor.

Explica que dejó de preocuparse por nimiedades. Como no, si su vida estaba en juego. Decidió vivir y aceptar las cosas como vinieran. “A partir de ahí empecé a hacer cosas solo si así lo decidía y no porque tuvieran que hacerse”. Se percató de que había muchas cosas que no había querido hacer. Acto seguido, se preguntó si iba a seguir así o si iba a disfrutar. “Creo que en la respuesta encontré mi reinvención”, dice con una determinación luminosa. l

Cuenta que días después de que terminó  el tratamiento contra el cáncer, conoció a Bertha Aguilar, quien también sufrió y venció al cáncer. Durante una platica, ambas se dieron cuenta de que tenían las mismas inquietudes por ayudar. Al principio querían lanzar una línea de información, pero hicieron todo menos eso.  El proyecto creció gracias a un excelente grupo de trabajo en el que participan voluntarias y profesionistas especializados.

Al recibir los resultados que indicaban que el cáncer estaba erradicado, Alejandra comenzó a considerarse una mujer muy afortunada por no haber estado invadida de esa enfermedad (metástasis) y también por haber encontrado a los médicos adecuados. Estaba agradecida. Pensó en los días oscuros de llanto que ella sentía no merecer.  Y resolvió hacer algo: compartir la experiencia y luchar para prevenir este mal, luchar para que otras mujeres que estuvieran pasando por esa situación pudieran tener un mejor tratamiento.

Recuerda con afecto que el primer apoyo que recibieron fue una entrevista que Gaby Vargas les hizo, inmediatamente después de su presentación oficial el 3 de octubre del 2002. Fue tal la presión y el amor a la vida que irradiaban las dos, que de ahí se desencadenaron una serie de apoyos. Y hace un agradecido reconocimiento a su primer patrocinador, la marca de jabones Dove. Menciona que ellos confiaron y creyeron en ellas y en la causa: “Fuimos lo suficientemente convincentes para que se subieran a nuestro barco, nos aportaron una buena cantidad de dinero que nos ayudó a darnos a conocer y hacernos de un buen fondo para continuar”.

“Mi socia y yo nunca nos imaginamos estos logros. Iniciamos la Fundación con muchísimo cariño, con mucho compromiso, sobretodo con agradecimiento a la vida por esta segunda oportunidad. Nunca pensamos que pudiéramos tener tanto éxito y que fuera a ser tan grande”. Refiere que caminaron incansablemente hasta que se dieron cuenta de que la problemática en México es enorme, y que la enfermedad rebasaba sus esfuerzos, pero no que se rendirían.

Dice que jamás podrá agradecer haberse enfermado, pero considera que el haber involucrado en la Fundación Cim*ab fue algo bueno que el cáncer trajo a su existencia.

Su vida cambió totalmente; entre los reacomodos también pasó por un divorcio y este tipo de situaciones cambian la vida de cualquiera. “Pero depende de cómo reacciona una y en mi caso ha sido para bien. Me percibo como una mujer de ideas bien claras, con muchas ganas de vivir, con todo el deseo de aprovechar la vida al máximo”.

Alejandra de Cima sostiene que para afianzarse a la vida es necesario desear culminar algo que sea muy importante para quien esta en la lucha, y subraya que tener objetivos claros ayuda mucho en el camino a la salud. Ella siempre quiso ser madre y esa fue una de sus metas. Dice que pensaba: “No me puedo morir porque todavía no soy mamá”. Ahora tiene una niña de casi dos años y tiene tres meses de embarazo de su segundo bebé. “Hoy lo que me motiva es mi familia, mi hija, mi bebé, mi marido”. 

 

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