Una
Luz de esperanza
Revista Buenhogar
Mayo 2007
Por: Karina Rodríguez Chiw
Aunque el diagnóstico era alarmante, para Bertha Aguilar,
presidenta de la Fundación Cima, no existía nada
que la hiciera sentirse derrotada. Con valentía, continuó su
lucha hasta vencer el cáncer.
“A los 30 años, lo que menos piensas es que te
vaya a dar cáncer, yo creía que era una enfermedad
de señoras mayores. Además estaba pasando por uno
de los momentos más felices de mi vida. Mi hijo Santiago
tenía 2 años y mi pequeña Renata seis meses
de nacida”, comenta Aguilar. Sin embargo, después
de una de sus acostumbradas rutinas de natación, se descubrió una
pequeña bolita en la parte inferior del seno izquierdo.
Acudió al ginecólogo, quien le dijo que era necesario
que se realizara una mamografía.
“En mi vida había escuchado ese nombre, no sabía
que existiera tal examen. Para mí era sólo una
consulta como cualquier otra. Pero, después de ver los
resultados, el médico me dijo que tenía un tumor
y que había que sacarlo. Acepté sin imaginar siquiera
que habría un problema mayor”.
Para la operación, Aguilar eligió a otro médico,
ya que consideraba que no había sido correcto que en ninguna
de sus visitas regulares o en los monitoreos de sus dos embarazos,
le hubiera examinado sus mamas. “El médico en su
vida me habló de cáncer, nunca me preguntó mis
antecedentes ni me dio información de ningún tipo”.
Quince días después de la operación regresó a
consulta y el diagnóstico del médico fue cáncer. “Yo
no lo podía creer, estaba muy joven, era delgada, deportista
y estaba tan feliz. Fue un shock. Yo creo que nadie se espera
una noticia de ese tipo”.
Era un tumor de siete centímetros de diámetro,
por lo cual era necesario someterla a otra operación y
extirpar por completo la mama izquierda y los ganglios linfáticos
para evitar que quedara algún residuo y se expandiera
a otros órganos. Estaba muy asustada, su único
contacto con los hospitales fue durante sus partos. Pero esto
era diferente. Fue una cirugía muy larga. Después
de dos días, el doctor le comentó que le cambiaría
la curación que le habían hecho y que era momento
de verse a ella misma. “Creo que nunca podría estar
preparada para lo que vi en esos momentos. Cuando me quitaron
las vendas observé una herida muy grande y la piel engrapada
para sostenerla. Estaba totalmente plana. Creo que nadie en su
vida está listo para eso. Después de 15 días
de estar en casa, tuve que regresar a mi primera quimioterapia”.
Lo que nunca se imaginó es que a ella también
se le caería el pelo. “Fernando, mi esposo, me dijo
que lo mejor era raparme. Y mientras yo lloraba desconsolada, él
me rapaba, con suavidad, como si estuviera haciendo una escultura
y me decía: “No te preocupes gorda, te va a salir
precioso”. Pero lo que le angustiaba no era la pérdida
del cabello, sino el pensar qué más vendría”.
Un buen día, Aguilar decidió no permanecer un
día más muriéndose en vida, encerrada, sin
que los médicos la dejaran hacer nada. “A veces
me sentía triste y debilitada, pero otras, fuerte e invencible.
Mi enfoque hacia la vida empezó a cambiar, y el doctor
no daba crédito y me decía: “¿Qué pasa
contigo?... Sobre todo porque el diagnóstico era que existía
el 70% de posibi8lidades de que el cáncer reincidiera”.
Nadar la ayudó a sentirse mejor anímicamente,
le devolvió la vida y le dio la fuerza necesaria para
soportar las ocho largas quimioterapias. Su autoestima quedó por
los suelos: “Estaba llena de miedos, me veía fea.
Mucho tiempo me ignoré, me bañaba rápido
para no verme. Hasta que un día me vi por completo. Fue
un golpe duro y tuve que entender que a veces, aún a temprana
edad, el cuerpo puede deteriorarse en un instante. Y que tenía
que aprender a quererme y aceptarme tal como era. Porque si no
te quieres a ti misma, no puedes querer ni hacer nada por los
demás”.
Durante todo su tratamiento siempre se mostró fuerte.
El médico se sorprendía ante su actitud. Pero al
terminar sus quimioterapias, fue cuando se tambaleó. “Fue
una etapa difícil, piensas: “¡ya no estoy
enferma!, pero tampoco soy la misma de antes,¿quién
soy ahora?”. Quería que me devolvieran mi identidad.
Tuve tiempo de asimilar todo lo que me había sucedido,
saqué todo ese coraje que no había logrado despegar
de una manera más sana, franca y abierta. A quien me diga
que el cáncer le hizo cosquillas, no le creo. Tarde o
temprano lo más sano es que te duela. Es una de las cosas
más fuertes que te pueden pasar”. Tiempo después,
Mónica de Cima, esposa de un compañero de trabajo
de su marido, la llamó para pedirle ayuda, ya que su hermana
Alejandra le habían diagnosticado también cáncer
de mama. “Yo iba casi de salida de la enfermedad. Aunque
le hablé de mi experiencia, no le pude ayudar mucho porque
yo no tuve casi tiempo para investigar o leer más sobre
el tema ya que tenía a mis hijos muy pequeños.
Después me invitó a participar en un reportaje
que le iban a hacer y fue cuando platicamos. Nos dimos cuenta
de que el problema del cáncer de mama aumentaba y que
en México este tema estaba en pañales”.
Fue así que se informaron y decidieron juntas crear la
Fundación Cima, como un agradecimiento a Dios y a la vida
por la oportunidad de vivir. Era el momento de hacer algo, de
informar y educar a las mujeres acerca de la importancia de autoexplorarse
y de practicarse una mastografía. Aunque el cáncer
es una enfermedad multifactorial, en Fundación Cima sólo
existen dos factores de riesgo: el ser mujer y el pensar que
no te pasará a ti, sólo a las demás. “Somos
la única fundación que ataca el problema desde
la raíz. Y es que no estamos acostumbradas a tocarnos.
Gracias a la campaña Favor de tocar, queremos que dejemos
de lado los mitos y nos demos la oportunidad de conocer nuestro
cuerpo. Se trata de que nos toquemos dos días después
de la menstruación, que a partir de haber iniciado nuestra
vida sexual visitemos al ginecólogo por lo menos una vez
al año y que nos hagamos una mamografía a partir
de los 35 años. Si tú haces estos tres pasos, estás
del otro lado. Nos avocamos más en cambiar la actitud
de la mujer mexicana de decir: “Soy la última en
mi familia y no me haré los estudios”. No se trata
de crear una cultura de pánico, sino de responsabilidad
hacia nosotras mismas”.
En el logro de su victoria, también mucho tuvo que ver
su familia: “No tengo palabras. Mi familia siempre ha sido
muy linda. Sobre todo Fernando, como esposo se lleva las palmas,
porque amarme como pareja por sobre todas las cosas y amar mi
cuerpo aún mutilado, hay pocas cosas que superan eso.
Mi mamá y su fortaleza para no romperse y decirme “aquí estoy,
yo te voy a ayudar”. Mi papá, que la hacía
de nana y jugaba con mis hijos mientras yo iba al doctor. Estoy
consciente de que pocas personas tienen una familia así.
Por eso, es aún mayor mi responsabilidad de ayudar a otras
mujeres. Nunca pensé que algo tan doloroso se convirtiera
en una luz de esperanza, que es lo que hoy damos en Fundación
Cima”.
Apoyo incondicional
Con cinco años de haberse creado, Fundación
Cima realiza diferentes actividades:
- Campañas educativas y difusión de información.
- Apoyo médico y económico: consultas médicas,
estudios de laboratorio y exámenes con costo preferencial,
cirugías con costo preferencial, etc.
- Detecciones.
- Apoyo emocional a mujeres.
- Donaciones a diferentes instituciones en las que se brinda
atención
a mujeres.
Fundación Cima
Asociación Mexicana Contra el Cáncer de Mama, A.C.
Michoacán #20, Col. Hipódromo Condesa
México, D.F.
Tel (55) 55.74.90.58
Info@fundacioncima.org
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