Bertha
Aguilar Presidenta Fundación
Cima
Revista Conexión Universitaria
Febrero
Por: Judith Cano
Como sabes, cada edición de Conexión Universitaria
se compromete con una causa. En esta ocasión se trata
de la batalla en contra del cáncer. Por esta razón
elegimos a Fundación Cim*ab, que tiene la misión
de difundir todo lo relacionado con ésta enfermedad, que
puede anticiparse y ser curable cuando se detecta a tiempo. Bertha
Aguilar –su actual presidenta- nos compartió su
testimonio que no requiere ningún comentario..
Para platicarte de lo que es Fundación Cim*ab, tengo que
platicar un poco lo que es la historia de Bertha. Yo soy sobreviviente
de cáncer de mama, a mí me detectaron con esta
enfermedad cuando tenía 30 años y en uno de los
momentos, quizá, de mayor felicidad en mi vida porque
acababa de nacer mi segunda hija ¡a los 30 años,
después de haber tenido mi segundo bebé!.
Le daba el pecho, estaba de verdad en cuerpo y alma dedicada
a ellos y muy contenta; te ves totalmente ajena a esto, siente
que son cosas que de verdad les pasan a las demás personas.
Un día saliendo de practicar la natación – un
deporte que siempre me ha gustado y por lo que también
hoy por hoy creo tanto en el ejercicio – me estaba poniendo
crema en mi pecho, sentí una bolita muy chiquita debajo
de uno de ellos. “Qué chistoso, seguro es leche
de la lactancia de la gorda” –pensé. No me
preocupé, aunque pensé que no era normal le hable
al ginecólogo –que es lo que debe hacerse.
El ginecólogo me dio una cita. Me palpó, y no
me gustó la cara que puso, y a él menos lo que
palpó. Fue ahí que comenzó una carrera muy
larga en mi vida porque empezaron a hacerme una serie de estudios
que yo desconocía en su totalidad, como la mamografía. Éste
es un estudio que molesta un poquito, pero de verdad bien poquito
comparado con lo que es el cáncer. Hoy ves mujeres que
no se quieren hacer el estudio, que realmente es de 5 minutitos
y que, comparado con lo que viene después, no es nada.
Después de hacerme la mamografía se dieron cuenta
que había un tumor muy grande que había que operar
y me tenían que quitar la mama en su totalidad....lo que
yo palpaba chiquito era la cola o el extremo muy pequeño
de un tumor gigantesco, del tamaño de una mandarina.
Cuando me quitaron el tumor, te lo juro, todavía dije: “pues
está bien, lo van analizar y en 15 días regreso”.
Estaba bastante molesta, así con esta cicatriz enorme.
El doctor me dijo a los quince días: “Tu tumor es
malísimo, temo que puedas estar invadida; es cáncer
de mama”.
Cáncer de mama a los 30 años, bueno yo decía “¿qué,
esta enfermedad no les daba a las señoras enormes?” Pues
no, sorpresa. Te comparto que de primera instancia es un shock
muy fuerte; pensé que ya me iba a morir. Fue entonces
cuando me di cuenta de que mi tía materna había
muerto a los 42 años, mi prima también materna,
la hija de esta tía, había muerto un año
antes de mi diagnóstico. Y sin embargo, con todo esto
nadie me había dicho que el cáncer de mama era
por el lado materno; ni siquiera mi ginecólogo me había
preguntado si tenia antecedentes, mi me había revisado
la mama en los 18 meses de mis embarazos que fui mes a mes a
monitorearme.
Hay muchísima negligencia médica, con el perdón
de los doctores, porque si una mujer informada va al médico
y no le dicen nada, imagínate las que no van o acuden
a una clínica general.
Yo iba con un ginecólogo porque tenía 30 años
y no tenía otro pendiente más que mis embarazos.
Aun así, ese ginecólogo nunca me palpó;
vino entonces la pérdida de la mama.
Han pasado 8 años, y te puedo decir que sigo sin estar
preparada, recordando ese momento en el que te ves mutilada.
Como mujer cierras los ojos y te imaginas por un segundo sin
una parte tan importante de tu cuerpo y no te lo puedes imaginar;
en su lugar tienes grapas. Yo decía “¿Qué es
esto?”.
Así comienza una carrera larga –el cáncer
es una enfermedad muy difícil, que atenta contra tu autoestima
una y otra vez; en el momento que te quieres levantar, se encarga
de enseñarte de lo difícil que puede ser- a los
15 días vino la primera quimioterapia. Yo le tenía
pavor, porque en mi vida había tomado nada más
fuerte un una cubita o un tequila. Un miedo impresionante, me
operaron para ponerme un catéter –una aguja donde
empezaba a entrar una medicina que se prepara con base en tu
peso, tipo de cáncer y edad; por eso hay gente que le
hace más o menos efecto. En el cáncer de mama,
entre más joven eres más agresivo debe ser el tratamiento,
porque tu proceso de renovación celular es muy rápido
y hay que atacarlo con la misma rapidez.
El tratamiento era una bomba. Iba al hospital, estaba ahí toda
la mañana y durante cinco días me tenía
que llevar la quimio a mi casa, pasando algunas semanas otra
vez lo mismo y así sucesivamente, durante 8 largas quimioterapias
que tuve. Después la pérdida del cabello, mientras
me bañaba sentía las madejas de cabello en la mano,
la regadera, la ropa, la cocina; es horroroso. Juras que a ti
no se te va a caer por alguna extraña razón, que
te vas a salvar; pues no, no te salvas.
Un día dije “Sí, me lo tengo que quitar,
entre más rápido mejor: Además no es higiénico.
Entonces fue mi esposo el que me ayudó; yo lloraba y él
me rapaba con unas ganas como si estuviéramos sembrando
una planta. Lo que estábamos sembrando en mi cabeza era
una esperanza de que –primero Dios- yo no me muriera.
Es bien difícil verte sin pelo, sin una mama. No es solamente
or lo físico, sino una parte más de ti que se va
y que la enfermedad te está quitando. Entre la primera
y segunda quimio pensé que me iba a morir, estaba en mico
asa con la chiquita. Pensé: “de verdad me voy a
morir, es más, me estoy muriendo en este momento”.
Pero ¿sabes qué era lo que me mataba? La actitud
de los doctores: de miedo, pánico, de “no salga,
no coma, tenga muchísimo cuidado”. Un día
pregunté “¿a ver qué es lo que me
puede pasar?. Y el doctor me dijo “le pueden dar muchísimas
infecciones, no tiene usted anticuerpos, no tiene defensas”.
Pues no importa –respondí- yo voy a luchar con todo
lo que tengo pero afuera y no aquí adentro, guardada,
mis hijos no pueden ver esto, entonces yo voy a salir y a empezar
otra vez a nadar y poco a poco salir adelante.
Mi papá me decía “Pero no tienes pelos y
no tienes un seno ¿cómo te vas a meter a una alberca?”.
Pues con mi prótesis y con mi gorra y así fue que
volví a pisar la alberca, nadaba bien poquito 400 metros
en 40 minutos. De verdad bien despacito, ¡pero yo
me quería sentir viva! Yo siempre dije pues si me voy
a morir, va a ser luchando, no me voy a morir sentada en mi casa
esperando la quimio, ni me voy a morir de miedo. ¡Me voy
a morir en el intento!.
Al final nunca me pasó nada, fue impresionante cómo
me fui par arriba, para arriba y para arriba. El doctor me decía “¡esto
no puede ser!
Así es como te ayuda el creerte que no te vas a morir.
Lo demás yo no soy quién para decir. Soy agradecida,
muy creyente. Pero de verdad que traté de divertirme.
Al final me reía, a veces hasta se me olvidaba que estaba
enferma, porque eran tales mis ganas de vivir que se me olvidó y
así pasó el tiempo, hasta que –gracias a
Dios- salí adelante. El cabello me volvió a crecer.
Llegas a una etapa en la que te das cuenta que no eres la misma
mujer de antes y que nunca lo vas a ser. No sabes quién
eres y tienes muchas preguntas; ya no están los doctores
contigo para monitorearte. Ya no eres la de antes, ni tienes
esas ganas o esas fuerzas de antes, al contrario tienes miedo.
En esta etapa mi propuesta es reinventarte, porque tienes que
ser alguien el la vida. Al final siempre nos estamos reinventando:
cuando nos casamos, cuando tenemos un hijo, cuando entramos a
la universidad, cuando empezamos un trabajo o cuando salimos
de la universidad; siempre te reinventas y ése es el chiste
en la vida. Llevarlo a cabo es un proceso un poco difícil,
aprender a vivir sin un seno no ha sido fácil, es una
decisión personal, yo ya no quise volverme a operar; uso
una prótesis que mi quito y me pongo todos los días
porque al final entendí –quizá muy joven-
que el cuerpo es algo que se va a deteriorar, pero al final tienes
que entender que el cuerpo se va y que tienes que vales por otras
cosas.
Al poco tiempo de mi recuperación conocí a Mónica,
la hermana de Alejandra de Cima, quien había compartido
parte de mi proceso, un poco atrás porque de verdad lo
seguías viendo muy atrás, cuando me llama a mi
casa para decirme que Alejandra había sido diagnosticada
con cáncer de mama. Después ella me invita a participar
en un reportaje y sentadas en un café decidimos que queríamos
ayudar a la mujer mexicana. Fue hace cuatro años y medio
que decidimos hacer una fundación para llegar a la cima,
una fundación que hiciera una diferencia en este país,
que le dijera a la mujer mexicana que se tiene que cuidar, que
pudiera entregar lo que nosotros no tuvimos; no conocí a
ninguna mujer joven en aquel entonces, ni una sola, ni un lugar
en donde recibiera el mensaje adecuado. En los lugares que conocí me
decían “pobrecita”. ¡Pobrecita no, por
ahí no es el camino!
En Fundación Cim*ab lo que te ofrecemos es claridad, la
verdad. Decirte que es difícil, que es un camino largo,
pero que no estás sola y que te vamos a asignar a alguien
que te acompañe. Te vamos a recibir aquí todos
los miércoles, y si entras triste te vas a ir con una
sonrisa; el resultado final nadie lo sabe, pero sí te
ayudamos y estamos convencidas que cuando la gente te ve te dice “tu
eres Bertha, yo leí tu testimonio, y ahora te veo” en
ese momento te conviertes en una esperanza de vida.
Es necesario hablar de un tema que nadie había hablado
con claridad, porque a las mujeres nos da pena. Es necesario
hablar de qué son los senos. Por eso nosotras estamos
tratando de difundir los tres pasos principales:
Uno: La autoexploración mensual a partir de los 15 años.
¿Por qué a partir de los 15 años? Porque todo lo que no
haces a esa edad, es muy complicado después adquirirlo como hábito.
¿Por qué mensual? Porque la autoexploración
se debe realizar después de menstruar, y las mujeres normalmente
menstruamos una vez al mes. Lo único que estamos haciendo
es invitarte a conocer tu mama. No conozco a ninguna mujer a
la que le hayan pedido permiso para menstruar. Sin embargo casi
todas menstruamos, y esto está muy ligado. Cuando menstrúas
por primera vez, no sabes qué toalla sanitaria es la correcta,
ni cada cuando se cambia, o con qué pantalones es más
cómodo. No sabes nada. A veces a los diez añitos
ya tienes a niñas menstruando. Ahí es cuando ya
deben comenzar a conocer sus senos. Mucha gente se espanta de
los que siente antes de la menstruación, pero todo esto
es normal, por eso el día es después de la menstruación,
tienes entre tres y cinco días para hacerse previsión
mamaria.
Dos: Visitar al ginecólogo, mínimo una vez al
año.
Sobre todo a partir de que iniciaste tus relaciones sexuales.
Ni al ginecólogo ni al cáncer le importa si estás
con el novio o no. Lo que le importa es que –si ya le estás
metiendo algo a tu cuerpo, como puede ser un anticonceptivo tomado-
pues que alguien te monitoreo antes de que tu cuerpo empiece
a tener cambios de estrógenos.
Estamos fomentando que las mujeres vayan al ginecólogo –tengan
o no relaciones sexuales- una vez que tengan 20años; pero
si inician su vida sexual antes, entonces a partir de esa edad.
Tres: Una mamografía cada dos años a partir de
los 35 años o antes si notas algo extraño.
Es un estudio al que muchísimas mujeres le tienen pavor.
Pero no es un estudio malo, es rápido y se debe de practicar
a partir de los 35 años por primera vez y si todo esta
bien cada dos años, sobre todo si no hay antecedente por
el lado materno.
En Fundación Cim*ab vamos a lograr un cambio con la mujer
mexicana joven. Vamos a cambiar esos hábitos, vamos a
lograr que le entre como le ha entrado a todo en un mundo tan
globalizado, pues tiene que aprender a cuidar sus senos, que
en nuestro país son tratados como algo completamente separado
de un proceso tan natural como es la menstruación. Tenemos
que cambiar la forma como nos percibimos.
Nosotros tenemos un slogan que dice “Porque todos venimos
de una mujer”. Entonces, para los hombres: cuídala,
cuida a tu mujer, a tu mamá, a tu hija. Tú como
hombre ¿qué estás haciendo por tu mamá o
por tu hermana?
Para más información: www.fundacioncima.org
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