Recomienda atenderse a tiempo
Gana la batalla contra el cáncer
Periódico Metro
Jueves 19 de Octubre del 2006.
Por: Noemí González
Narra Gaby Echeverría cómo logra sobrevivir al cáncer de
mama
Gabriela Echeverría es una sobreviviente del cáncer de mama. A
los 31 años le diagnosticaron la enfermedad, pero de tiempo atrás
ya había iniciado su lucha informándose y ayudando a otras mujeres
que la padecían, como su amiga. Hoy en el Día Mundial del cáncer
de mama, comparte su experiencia.
“Empiezo a contar mi historia desde que a mi mejor amiga le diagnosticaron
cáncer cuando tenía 25 años. Ella me hablaba cada mes para
decirme:”hoy te toca revisarte”. “hazte tu autoexploración”, “acompáñame
a la Fundación a dar pláticas”. Me involucré al máximo
con el cáncer de mama; pensaba que tener información me daría
armas para ayudar. Me metí hasta el fondo...
“Cuando de pronto....Era domingo, estaba bañándome, cuando
sentí una bolita y de inmediato pensé, esto no estaba”.
“Al día siguiente, le hablé al oncólogo, Roberto,
un amigo de la familia, le dije que tenía una bolita y me sugirió hacerme
un ultrasonido, al otro día, ya estaba hablando con el cirujano, quien
me operó a las 7 de la mañana; a las 8:30 salió y le dijo
a mi mamá y a mi esposo: “Tiene cáncer, vamos a retirar el
tejido maligno y le avisamos en cuanto salga; en media hora acabamos”.
Pero pasaron siete horas. Fueron horas que no sabían nada de mi, y en
las que pensaron, “ya se nos murió en el quirófano y Roberto,
como es amigo nuestro, no se atreva a decirnos”.
“Con el tiempo, después de 25 radiaciones, empecé a quemarme
muchísimo; tuve la piel en carne viva y tuvimos que suspender por 15 días
las radiaciones. En ese Inter. También le dio a mi hermana cáncer
cervicouterino, por lo que me iba a las radiaciones y de ahí al Hospital
Los Ángeles a cuidarla. Somos mujeres fuertes en esta familia, hasta decíamos: “Somos
de un grupo muy selecto, al no cualquiera puede entrar”.
“Como tengo dos niños, Triana y Patricio, ellos eran mi mayor preocupación,
quería que me vieran bien. Entonces, el día que salí de
mi primera cirugía, recogí mis cosas y me los llevé al
cine”.
“Me dio mucho miedo pensar que no iba a poder educar a mis hijos, ni estar
con ellos cuando creciera. Como que todos mis planes que daba por hacho se derrumbaron,
porque siempre había pensado en, “cuando Triana se case” o “cuando
Patricio se reciba”, y de pronto era, “¡chin, a lo mejor no
estoy cuando eso pase!”.
“En ese tiempo murió mi amiga, se me cayó el mundo. Pensé en
lo injusto que era la vida, renegué contra todo. Lo más duro fue
que mis hijos comenzaron a decir: “Mi tía Gina tenía cáncer
y se murió; mi mamá tiene cáncer, se va a morir”.
Aunque yo les explicara que ella estaba más enfermita que yo.
“A mí me sacó adelante la enfermedad de mi hermana y de mi
amiga, porque yo tenía que estar bien para ayudarlas, tenía que
se fuerte. Nunca me tiré a la cama; me dormía en el camino porque
físicamente era agotador, pero tenía que estar bien.
“Todavía ahora tengo mis días; tengo náuseas y estoy
muy cansada. A veces me entra la depre... Aún no puedo decir que le agradezco
al cáncer, pero desde que murió Gina, empecé a hacer lo
que ella en la fundación, dar conferencias de detección oportunas
y atiendo la sección de voluntarias en la página de Fundación
Cima.
“El cáncer me cambió por completo, encontré un para
qué de la vida. Ahora me fascina lo que hago; siento que soy mucho mejor
persona que antes. Valoro mucho más todo, porque me di cuenta que en la
rutina se te va la vida”.
“Pensé mucho en prepara a mis hijos, les escribí una
carta para que fueran leyendo a lo largo de su vida. Quiero que mi hija cuando
tenga su primer novio y quiera preguntarle a alguien, ahí esté mamá presente,
porque le dejé un mensajito”.
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