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Testimonios. Lo superé
Prevention en Español
Febrero del 2006
Por Karina Rodríguez


Tres mujeres que pasaron por la dolorosa experiencia del cáncer mamario comparten sus vivencias contigo.

Ela Gijón
La vida me esta regresando esos dos años que pase en tratamiento contra el cancer mamario”

Esa noche, Ela fue a jugar paddle tennis, regreso a casa, se puso la pijama y se durmió. Al despertar noto que uno de sus senos estaba inflamado. A sus 33 años de edad, lo ultimo que imagino era que aquella inflamación significaba un cáncer de seno de tipo genérico bastante avanzado. “Tenia siete meses de no ir con mi ginecóloga”, narra. “No acostumbraba autoexplorarme, no sabia que tenia que hacerlo, no tenia esa información. Mi doctora no estaba en México cuando tuve el problema; y fui con otro medico cuya cara me lo dijo todo”. El cáncer que me ataco pudo haberse detectado a tiempo si ella hubiera practicado el autoexamen mensual o si su ginecóloga hubiera sido mas hábil.

La parte mas dura del tratamiento fue la Mastectomía radical a la que se enfrento. “Me preguntaba que iba a pasar cuando me viera sin el seno. No sabia como iba a reaccionar. Mi temor más grande era volverme loca”. El 2 de diciembre de 2003, Ela se levanto, se metió a bañar, vio su nueva realidad y la acepto. “No es nada agradable verte así, pero puedo decir que si para vivir tranquila el resto de mi vida, para no tener esos momentos de angustia en los que piensas que la enfermedad puede regresar, me quitaría el otro seno. Cuando me vi por primera vez así, el sentimiento fue de ¡por fin me quitaron lo que me estorbaba!”.

El apoyo de todos sus amigos y de sus familiares la ayudaron a salir adelante. Además, había una esperanza mas que la mantenía ilusionada: la reconstrucción. “Desde que me vi sin un seno, tuve la meta de reconstruirme. Me terapeaba diciéndome ¡esto no es para toda la vida, es solo temporal!. Hoy, que estoy reconstruida sé que nunca volveré a ser la mujer que fui, pero todo tuvo una solución y estoy muy contenta.” La lección de vivir día a día, de sobrevivir a una enfermedad y de ahora ayudar a otras mujeres que, al igual que ella, han pasado por esta experiencia, la llenan de vitalidad. Sin embargo, la posibilidad de tener una familia se redujo. “El cáncer podría retornar si me embarazo. Obviamente, como cualquier mujer, mi sueño siempre fue tener un hijo y hoy no puedo creer que no lo vaya a tener”, añade Ela, “pero no pondría mi vida en riesgo por una ilusión que tal vez pueda suplir con la adopción. Me encantaría formar una familia y conocer a un hombre tanto o más valiente que yo que entienda mi situación”.

Patricia Muñoz
“Me ayudaba pensar que estaba en manos de Dios, como si él fuera King Kong y yo Ann Darrow”

Casada y con tres pequeños, Paty debió enfrentar el cáncer de seno sin descuidar ninguna de sus labores cotidianas. “Seguía haciendo tareas con los niños, debía hacer la comida, ir por ellos a la escuela y regresar. A veces me ponía a llorar y no podía hacerlo con libertad porque no quería que mis hijos me vieran así”, recuerda Paty, quien encontró la fortaleza necesaria para sobrevivir al cáncer de mama en su esposo, en sus amigos y en la fe. “Soy católica, pero mi primera reacción con Dios fue de rabia. Solía reclamar y decir ¡si soy buena hija, buena madre, buena amiga, porque me pasa esto a mi!”. Un día antes de la cirugía, pidió una señal para saber si sobreviviría y si las cosas saldrían a su favor “Luego de la operación vi una luz blanca. El doctor vio mi rostro y se me acerco para preguntarme que sucedía. Le dije que estaba viendo una luz blanca y él me dijo: ¡es la luz de esperanza!”.

Cuando regresó a casa sus hijos le preguntaban porque le faltaba un seno y ella simplemente respondía “Se lo llevaron para componerlo”, querían saber cuando se lo regresarían y entonces, les “enseñaba la prótesis. Les explicaba que era y ellos le daban besos, aprendieron a verla con cariño”.

Con su esposo la situación era diferente. Un gran hombre que la apoyo pero con quien se sentía incomoda al principio. “Imagina que estas frente a tu esposo y té quitas la ropa. No tienes cabello, té falta un seno, tienes una cicatriz horrible y un sobrepeso de diez kilos a causa de los medicamentos. Ese aspecto es muy fuerte para las mujeres; entras en un conflicto emocional muy fuerte”, narra Paty. Pero el cariño de sus seres cercanos y de grupos de apoyo la hicieron sobreponerse y compartir su nueva situación con su esposo. A menos de un año de concluir el tratamiento, “me siento muy bien. Veo a mis hijos felices después de todo lo que pasaron. Es como si hubiera despertado de una pesadilla y estoy llena de paz y de ganas de hacer las cosas”. En aquel momento Paty dejo su trabajo como maestra y ahora esta haciendo sus curriculas para regresar con mas fuerza que antes: “Tengo ganas de trabajar, de buscar una casa nueva; esto me sirvio para valorar las cosas que tengo. La realidad es que me siento muy viva.”

Hortensia Uribe
“Por fortuna estoy viva y quiero aprovechar cada día al máximo, y cuidar nunca volverme soberbia”

El sexto sentido existe y fue lo que le salvo la vida a Hortensia, casada y con un hijo de 26 años. Cinco atrás le habían diagnosticado mastopatía fibroquistica, una enfermedad que padece una de cada diez mexicanas. “Él médico me decía que todo estaba bien, pero llegó un punto en el cual no soportaba que nada me tocara”. El no quiso hacerle mas estudios y ella opto por ir sola a hacerse una mastografía y llevar los resultados directo a otro doctor, quien le dijo que tenia un cáncer bastante avanzado. “Yo sentía que todo pasaba en cámara lenta”.

El tratamiento se le complico porque “en el instituto donde me trataban no había lugar para atenderme; entonces me dio miedo”, señala. “Pedí otra opinión y me quede con ese medico. En menos de una semana me hicieron una Mastectomía radical y esta lista para iniciar la quimioterapia”. Es difícil aceptar el hecho de que te quiten un seno, pero “no me costo trabajo decidir, yo me quería quitar el cáncer pasara lo que pasara”. Hortensia nunca visualizo que su tratamiento seria apacible. “Recibí tanto amor y me sentía tan apreciada que nunca me quede sola. Me cayo una cascada de cartas y flores, y simplemente me permití aceptarlo”. Después de esa experiencia ha decidido retribuir un poco de ese amor a otras mujeres con cáncer de seno: “La gente te ayuda y te quiere mucho, pero no te comprende, por eso ayudo a las mujeres que pasan por mi misma situación”. Ahora, los días trascurren con tranquilidad en casa. Su hijo y esposo se acercaron mas a ella y la miman todos los días porque saben que hubo uno que estuvo a punto de ser el último.

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