Alejandra
de Cima y Bertha Aguilar, un dúo incomparable
Periódico Excélsior
Suplemento Mundo de Hoy
8 de marzo de 2005
Por Carlos Henze,Mitzi González y Rebeca Lirio
Con
una actitud positiva se pueden lograr muchas cosas,
un buen ejemplo de ello es la creación de la
Fundación Cima, impulsada por Bertha Aguilar
y Alejandra de Cima, mujeres que con su actitud y
ganas de salir adelante, hicieron realidad a partir
del 2 de octubre de 2002 un sueño que se ha
convertido en un espacio de apoyo y restauración
para las mujeres que padecen cáncer de mama.
Alejandra y Bertha, un dúo incomparable de
sobrevivientes de esta enfermedad nos platican su
experiencia en una entrevista realizada por Mundo
de Hoy.
“La carga emocional y psicológica que
acarrea el cáncer de mama fueron los dos caminos
que nos llevaron a crear la Fundación, hemos
ido caminando poco a poco, principalmente como objetivo
y como meta queremos reducir el número de muertes
por cáncer de mama, de hecho son 10 mujeres
al día las que fallecen por esta causa y queremos
invertir esta gráfica, para que sea cada vez
más la cantidad de mujeres que se detecte el
padecimiento oportunamente, esto realmente es una
preocupación de las dos después de haberlo
vivido”.
Los
obstáculos y falta de credibilidad a los que
se enfrentaron estas valientes mujeres, no les impidieron
seguir con la Fundación que hoy tiene un lugar
respetable y digno de admirarse, como nos comentan:
“Empezamos con muchas ganas, como un compromiso
fuerte y profundo por nuestro país, pero a
su vez, con muy poco convencimiento de cómo
se hace una Fundación en México, pero
con esfuerzo, empeño y sobre todo paciencia,
nos fuimos informando sobre las leyes y trámites
necesarios, y también identificando hacia dónde
queríamos ir”.
Con
objetivos muy claros y con la experiencia de haber
vivido esta situación en carne propia, hoy
estas dos mexicanas le ayudan a muchas otras mujeres
que padecen cáncer de mama a encontrar nuevamente
el sentido de la vida y a enfrentar el padecimiento
con fuerza y valor.
“En Fundación Cima, queremos decirle
a las mujeres: El camino es largo, tal vez oscuro,
pero hay luz al final del día y les vamos a
ayudar a más que nada a acompañar, porque
sabemos que son meses y meses de angustia e incertidumbre,
pero creo que si en ese camino ustedes están
acompañadas de gente que lo ha vivido, eso
les puede animar mucho, quizá es tener un lugar
donde llorarlo, quizá este Centro de Información
Cima también sirve para que las mujeres se
desahoguen sin deshacerle el alma a sus otros familiares,
porque llorar con sus seres queridos es muy difícil;
así que por un lado les damos la mano y por
otro les ayudamos a encontrar su propio camino”,
nos comenta firmemente Bertha.
Lo
más importante de este Día de la Mujer
es precisamente sentirse orgullosa de ello como nos
dice Alejandra, “somos el motor de una casa,
somos la luz de un hogar, somos profesionalmente iguales
que los hombres, tenemos la capacidad de mover un
país y creo que estamos avanzado cada día
más”, a lo que Bertha agrega: “Ser
mujer es tener la fuerza y la capacidad de poder llevar
una familia, el poder de luchar por los tuyos y por
ti misma”.
Ninguna
mujer se explica por qué le es diagnosticado
el cáncer de mama, se siente enojada, deprimida,
sin aliento para poder seguir adelante, pero gracias
a que existen fundaciones y mujeres como Alejandra
y Bertha, se pude tener una esperanza para seguir
con una calidad de vida lo más satisfactoria
posible, en su mensaje como mexicanas nos comentan
lo siguiente.
“La
actitud que tomamos ante las dificultades tiene mucho
que ver, como mujer tú siempre tienes dos caminos:
el luchar o el dejarte caer, aquí en Fundación
Cima te enseñamos a luchar y a que
entiendas que nunca volverás a ser la misma,
pero probablemente esta nueva mujer puede tener muchos
logros positivos en su vida” finaliza Alejandra.
“No
dejemos que importe todo más que nuestra salud,
el dejarlo pasar trae muchas consecuencias que con
el transcurso del tiempo, el precio es muy alto; nunca
dejemos de prepararnos y buscar siempre un tiempo
PARA nosotras, aprendamos a apapacharnos”, concluye
Bertha.
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