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2001
Homenaje – Gina Campos
1975-2005
Historia de vida


Una mujer que hoy y siempre mereció el respeto de todos aquellos quienes la conocieron y compartieron la maravillosa experiencia de vivir, a pesar de la adversidad.

Gina se enfrento desde julio del año 2000 a la terrible noticia de que tenía cáncer de mama; sin embargo, conocer que su cuerpo presentaba mejoría a los tratamientos la hicieron declarar una lucha frontal contra el mal, mismo que termino con su vida cinco años después.

Más no la venció por que su legado es hoy su mejor victoria.
“Seguramente todavía tengo mucho que aprender para ser mejor persona, mejor mujer. Vale la pena todo lo que tengas que pasar por seguir viva. Y si muero, lo haré en el intento, en el aprendizaje, en la conciencia de vivir...”, Gina.UNA HISTORIA DE CORAJE Y VALENTIA
Cuando tenía 25 años, en julio del año 2000, me diagnosticaron cáncer de mama. Fue en un momento fuerte para mí, pues mi mamá no estaba conmigo. Ella estaba viviendo fuera de México ya desde un año atrás. Ella se fue a Albania a ayudar a los refugiados de la guerra de Kosovo. Como mi relación con ella es tan cercana, decidimos encontrarnos en un punto intermedio. Turquía fue el lugar. Pocos días antes del viaje me detecté una bolita y decidí que al regresar me la atendería, pues Turquía no era el lugar idóneo para hacerlo. Me reencontré con mi mamá y pasamos unos días maravillosos en un país mágico. En cuestión de semanas, esa bolita había crecido al doble de tamaño del que yo había palpado por primera vez. Al regresar a México, lo primero que hice fue ir a ver a mi ginecóloga. Ella me dijo que lo que me estaba ocurriendo no estaba bien. Me mandó de inmediato un ultrasonido, seguido de una mastografía y de ahí con un oncólogo para hacer una biopsia. Estaba asustada, la incertidumbre siempre angustia. Relativamente poco tiempo antes de todo esto, mi mejor amigo había pasado por un cáncer muy agresivo con éxito. Así que sabía que el doctor que debía ver sería el mismo que lo trató a él.

El doctor, al terminar la revisión, sin dudar me dio su diagnóstico y me preguntó si quería que me pusieran un catéter y aprovechar el procedimiento de la biopsia, además de darme calidad de vida en el tratamiento. Yo acepté, mi intuición era que el médico sabía qué terreno pisaba y querían ir adelantando camino. El día siguiente fue arduo, todo un día de estudios. Tenía que hacerme una biopsia para conocer el "nombre y apellido" del tumor y así saber qué tratamiento sería el correcto para mí. Checar niveles en sangre y explorar con diferentes estudios todo el cuerpo para ver si no se había esparcido a algún otro lado.

Al día siguiente no sólo me hicieron la biopsia, colocación del catéter, estudios minuciosos, sino que empecé mi primera quimioterapia. El tumor era tan grande y agresivo, que había que reducirlo antes de hacer una cirugía para extraerlo. La edad no me ayudaba, entre más joven seas el "tumor tiene más energía y va a mil por hora". Había que ganarle la carrera al tiempo. Las radiografías mostraban manchitas en el pulmón, pero no existía la certeza de que fueran metástasis.

Cuando empecé el proceso, mi mamá no estaba conmigo. A pesar de que no vivo con mi papá, él siempre ha estado a mi lado, pero añoraba a mi madre. Esta enfermedad no hay quién la comprenda mejor que las mismas mujeres. Quería estar con mi familia, no quería estar sola y menos perteneciendo a una familia tan grande y unida como la mía. Cuando mi mamá supo la noticia, arregló todo y regresó de inmediato.

En el momento que me dijeron que tenia cáncer supe que le tenía que echar muchas ganas; que tenía que trabajar duro; que esta experiencia algo me iba a enseñar. Tomé el tiempo de mi curación como una lista de espera. Como cuando vas a un restaurante. La mesa te va a tocar cuando te tenga que tocar. Y así me visualicé: mi mesa era curarme, me había enfermado y tarde o temprano mi turno iba a llegar.

El tratamiento inicial consistía en seis ciclos de quimioterapia, pero la reacción del tumor fue tan buena que fueron únicamente tres. Después de estos tres, ya prácticamente la bolita ni se sentía. El Dr. me dijo que estaba lista para la cirugía. Días después me practicaron una mastectomía radical.

Hablé con mi familia y les comenté que el precio que se paga es muy caro como para no aprovecharlo; que todos teníamos algo que aprender; que debíamos estar dispuestos a absorber todo lo que iba a pasar para que tuviera sentido.

Recuerdo que cuando se me cayó el pelo, yo quería andar así. No quería peluca, no quería nada, pues realmente esa era mi condición, pero me di cuenta que la gente es muy cruel y te ven de una manera hasta agresiva algunas veces. Después del tratamiento, mi pelo tardó un año y medio en crecer y sólo me creció el 10%. Las cejas no me crecieron, las pestañas sólo a la mitad. Esto era un caso rarísimo y para mí fue muy difícil de pasar. Hubo veces en las que me veía en el espejo y me sentía la mujer más fea. Con el tiempo fui encontrando la manera de verme bien, de ver esta nueva cara y transformarla. Debo reconocer que necesitaba escuchar un halago que me hiciera sentir bien, como antes, pero la realidad es que nada es como antes, tu vida también se transforma.

Inicié un nuevo ciclo de quimioterapias después de la cirugía, seis más. A esto le siguieron 30 sesiones de radiaciones, pero nada más me pudieron dar veinticinco porque se me quemó la piel.

Cuando me intervinieron para la mastectomía, me hicieron extracción de ganglios linfáticos. Tres meses después me dio una complicación llamada linfedema en el brazo y la mano derecha y parte de la espalda. En ese momento, no había nadie en México que tratara este padecimiento. En Enero de 2001, llegó a mi vida la T.F. Isabel Aloi con el conocimiento y solución al problema. La madre de Isabel fue víctima del cáncer y tuvo linfedema en ambas piernas, ocasionándole una pésima calidad de vida. Esa fue una de las razones por las que Isabel decidió estudiar a fondo el linfedema, para ofrecernos lo que su madre no pudo tener. La movilidad de mi mano ya era bastante deficiente y el brazo empeoraba día con día, estaba muy inflamado. Gracias a la atención de Isabel, mi perseverancia y el uso de un guante y manga de compresión, he podido mantener la mano y el brazo en su tamaño normal.

Cuando me dio el linfedema, sabiendo por todo lo que uno tiene que pasar, me propuse hacer algo por los demás, al menos informar para que tomaran decisiones con conocimiento. Es un tratamiento al que hay que dedicarle mucho esfuerzo, mucho tiempo, mucha dedicación... Hay momentos en los que lo único que quieres es llegar a tu casa a dormir, a descansar, en vez de hacerte masaje en el brazo por media hora y vendarte, pero es muy importante cuidarlo todos los días. Por eso puse una página de internet en conjunto con toda la experiencia y conocimiento de mi terapeuta Isabel, donde viene todo lo necesario para prevenirlo. También he participado en diferentes medios, donde he tenido la oportunidad de compartir todo lo que he aprendido en estos años. Una vez tuve la fortuna de ser invitada a una conferencia donde acudieron 800 gentes de condición muy humilde, para que estuvieran enteradas de estos adelantos de curación y detección temprana de cáncer de mama.

Nunca pensé en lo que el cáncer realmente representaba en mi vida hasta que empecé a vivir las consecuencias de los tratamientos. Hubo un día en que me sentí tan mal que en una ocasión me fui sola manejando a Urgencias. También recuerdo que cuando empecé con la menopausia inducida, me sentí tan débil, agotada... Mi cuerpo pedía auxilio, pero había que seguir luchando.

Tiempo después de terminado el tratamiento, quise cerrar un ciclo en México y acepté el ofrecimiento que me hicieron para trabajar en Estados Unidos. Yo venía cada mes a ver a mi abuelita, pues estaba enferma. En una de mis visitas, aproveché para hacerme mi chequeo trimestral y fue ahí cuando me encontraron metástasis en cerebro, a tres meses de cumplir 2 años en remisión. Creo que la enfermedad de mi abuelita tenía un propósito: traerme de regreso a México para detectar este nuevo tumor. Una de mis mayores preocupaciones era que se me iba a caer de nuevo el pelo que con tanto esfuerzo creció. Eso fue devastador para mí. La radiación quemaba esta zona y el pelo se volvió a caer. Le pregunté al doctor si volvería a crecer, pero su respuesta no me lo aseguraba. Ya ha pasado tiempo desde ese día. Ya me acostumbré y ya no me importa, pues ahora tengo una razón más: todos los que tenemos que estar de esta manera, sin que sea nuestra decisión. Así salgo a la calle porque me he propuesto que la gente tiene que aprender a respetarme "tal y como soy".

En esta recaída, supe que no todo dependía de mi voluntad, de mi buena disposición y de mi actitud positiva. Había factores externos de los cuales yo no tenía control. Ahora sí pensé en la muerte.
Pero la vida sigue teniendo sorpresas para mí. Casi terminado el tratamiento de la metástasis de cerebro, una vez más el cáncer se hace presente. Me detectan metástasis en huesos. Sí, por tercera ocasión, aparece en mi cuerpo, en mi existencia, en mis batallas. Para mí la guerra no ha terminado, no sé cuándo termine, pero seguiré luchando, no me pienso dar por vencida. Si ya gané una y luego otra, ¿por qué no he de salir vencedora de esta tercera?

Tuve experiencias con médicos con poco tacto. Pero también me he topado con médicos optimistas, que me llenaron de esperanzas y que dejaron que fuera yo quien tomara las decisiones de mi vida y de mi futuro. No sería honesto ocultar mi miedo a la maternidad. Siento temor de que alguno de mis hijos, si llego a tenerlos, herede mis genes. Y aunque sé que eso no es determinante, sí influye y no sé si podría vivir con eso.

En este momento no tengo pareja. Nunca me he sentido en desventaja, ni devaluada como mujer con el cáncer. Creo que por ahí habrá alguien que comprenda mi situación y sienta como yo, pues ahora tengo muchas más riquezas que antes, mucho que dar y experiencias que compartir.

Más no todo ha sido perdido. También he ganado muchas cosas con esta enfermedad. Gané tranquilidad; gané valor por la vida; valor en especial por mi familia. Es algo maravilloso que no se puede explicar, creo que es la experiencia más maravillosa que me ha pasado. Contar con el apoyo de tanta gente, vivir experiencias que te enseñan a aprender otros valores, a entender más a la gente, ser más paciente y tolerante. Antes yo me quejaba de cualquier cosa y ahora es completamente lo contrario. Hoy me parece terrible la gente que se queja de cosas tan "tontas". Me da tristeza que no valoren la fortuna que tienen enfrente, que es la vida, la salud. Tienen tantas cosas increíbles y maravillosas...(Texto que Gina Campos escribió en junio del 2003, como parte de los testimoniales del libro: “Matices” que salió en febrero de 2004 y que editó la Fundación Cima)Así la recuerdan
Es la persona más admirable que yo haya conocido en mi vida y como ella siempre lo dijo murió en la lucha. Es más, es la única persona por la que yo puedo voltear al Cielo y decir, mis respetos...

“Por que a pesar de lo que estaba pasando se levantaba y sacaba fuerzas de donde podía para seguir luchando por la vida”, dijo Alejandra, quien tuvo la oportunidad de compartir la experiencia de luchar y vencer la enfermedad al lado de Gina”


Alejandra de Cima

Muchas veces he dicho que la actitud es todo en esta enfermedad, sin embargo, a partir de Gina me doy cuenta que aunque las condiciones no se presenten favorables se debe guardar esa actitud para poder hacer una enfermedad más llevadera.

“Es una realidad y da mucho coraje que una mujer tan joven como lo era ella se nos fuera. Para eso estamos aquí, para ayudar y para rescatar con estas historias a todas aquellas personas que se llegan a ver en esta situación”


Bertha Aguilar
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