La
vida después del cáncer
Mujer ejecutiva
Septiembre de 2004
Por Beatriz Arias
Alejandra
de Cima, volvió a nacer después de ganarle
la batalla al cáncer de seno que le detectaron,
afortunadamente, antes que la invadiera. Su vida cambio
totalmente, a su alrededor entró y salió
gente, sus prioridades se reacomodaron, se acercó
a Dios y creó la fundación desde la cual
busca inculcar en las mujeres una cultura de prevención
del cáncer.
Hace tres años, Alejandra de Cima supo que tenía
cáncer de mama y su vida se derrumbó.
El impacto fue brutal. Si bien, fue ella quien intuyó,
antes que su médico, que algo andaba mal, no
estaba preparada para escuchar semejante diagnóstico.
“Cuando me lo dijeron entré en shock. Primero
pensé que no era cierto, que estaba escuchando
mal; después vino el regateo con Dios: si me
das 10 años te prometo que hago esto, y lo otro,
y así viví mi duelo hasta llegar a la
aceptación”.
Había vivido siete meses con una bolita en el
seno, y aunque su ginecólogo no le daba importancia
por tratarse de una paciente joven, Alejandra se empeñó
en que le realizaran los estudios necesarios para descartar
cualquier problema y recuperar su tranquilidad. Pero
no fue así. “Imagínate, a los 30
años y que te den una noticia como ésta,
con palabras técnicas y rimbombantes que no entendía,
¡lloré durante tres días!”.
¿Qué sabías tú del cáncer
de mama? “Absolutamente nada”. ¿Y
qué te importaba saber de esta enfermedad? “Absolutamente
nada. Era una persona totalmente ignorante sobre el
tema. La palabra cáncer no formaba parte de mi
vocabulario, ni de mis planes. Simplemente no estaba
en mi terminología”.
Ahora las cosas han cambiado; ella tiene muy presente
que cada dos horas y 20 minutos, muere una mujer mexicana
a causa del cáncer de mama; y sabe que todos
los días 10 mujeres pierden la vida por no haberse
atendido a tiempo.
Alejandra tuvo suerte, porque gracias a su intuición,
hoy puede compartir con nosotros su experiencia. “Mi
cáncer era muy pequeño, no tan invasivo.
No tuve que pasar por una mastectomía, que es
cuando te quitan el seno; tampoco me dieron quimioterapias.
Dentro de la desgracia, realmente me siento afortunada”.
Pero aún así, todavía recuerda
aquellas terribles 72 horas que tuvo que esperar para
que le dieran el diagnóstico final. “Para
que me dijeran si estaba o no invadida de cáncer.
Fueron las peores horas de mi vida”.
Horas, días, semanas, meses. En estas condiciones
es cuando se empieza a valorar el tiempo; cuando se
aprecia más el apoyo de la familia y de los amigos,
y cuando se sienten más las ausencias. “En
estas circunstancias todos reaccionan diferente. Una
hermana se quería rapar, la otra se quedaba a
mi lado sin moverse. Hubo quienes de plano no se acercaron,
y quienes se comportaban como si nada pasara. Pero no
puedo juzgar, y esto es algo que he aprendido a partir
de mi enfermedad”.
“No me puedo ir sin tener un hijo”
La vida de Alejandra de Cima cambió hace tres
años. En medio de la tormenta desafió
su destino y apoyada de una fortaleza que hasta entonces
desconocía, aceptó su vulnerabilidad.
“Cuando sientes que en cualquier momento te puedes
morir, cuando te reconoces como un íntima persona
vulnerable ante lo grandioso que es la vida, te sientas
y piensas; ¡y yo que me preocupaba porque alguna
vez me tuve que bañar con agua fría! Ahora
no me importa hacerlo todos los días”.
“Cada persona reacciona de manera distinta”
Ella, por ejemplo, decidió trazarse metas para
no dejarse caer, para luchar y vencer a este bien llamado
enemigo silencioso. “En mi caso, mi meta es tener
un hijo, así que me decía: ¡no te
puedes ir sin tenerlo, resiste!” Estando todavía
en tratamiento en los Estados Unidos, recibió
una carta de Bertha Aguilar; una mujer que también
había padecido cáncer de mama, animándola
a seguir adelante. Fue entonces cuando comenzó
a nacer su inquietud por hacer algo para evitar que
otras mujeres sufrieran la misma experiencia.
Cuando regresó a México, se reunió
con su nueva amiga y juntas empezaron a trabajar. En
un principio la idea era dar solamente apoyo emocional
a través de una línea telefónica.
“Pero de pronto te ves envuelta en una bola de
problemas, de desinformación, de ¡ay!,
es terrible darte cuenta del estado en el que estás,
sientes que la enfermedad te está rebasando,
y entonces dices: ¡tenemos que hacer algo en grande!”.
“Estamos expuestas, nos tenemos que cuidar”
La observo, su mirada es lo que más impacta.
En ella se mezclan la rebeldía de una tormenta
en mar abierto, con la tristeza superada y las infinitas
ganas de vivir cada día con gran intensidad.
Su expresión lo dice todo; sus vivencias pesan
pero valen la pena. Son cimientos de una Fundación
que nació hace dos años y que lleva el
nombre de Cima; como su apellido y como el motor que
la impulsa para llegar a esa “cima” que
le ha permitido recuperar la salud. ¡Qué
coincidencia!, ¿Podríamos pensar que por
algo naciste con ese apellido? “Ay, me pongo chinita
de pensar eso, pero sí, esta connotación
es la que más sentido tiene, porque te hacer
ver que sí puedes llegar a la cima”. El
camino lo tiene ahora muy claro. La Asociación
Mexicana contra el Cáncer de Mama no
nació por casualidad. Su objetivo primordial
es quitar la venda de los ojos a todas las mujeres que
no saben que en cuestión de segundos, su vida
puede cambiar.
Por eso su objetivo primordial es la prevención.
“Para detectar este cáncer a tiempo, hay
que tomar en cuenta tres puntos fundamentales: la auto
exploración mamaria una vez al mes, la visita
con tu ginecólogo cuando menos una vez al año
y practicarse una mamografía anual después
de los 35 años”.
A dos años de su creación, la Fundación
Cima cuenta ya con dos centros; uno en el Distrito
Federal y otro en Monterrey, ha promovido en el ámbito
nacional la importancia de la prevención del
cáncer de mama; cuenta con una red importante
de voluntarias y patrocinadores, y ofrece día
a día diversas alternativas para que las mujeres
que padecen esta enfermedad, tengan una mejor calidad
de vida. “Hemos hecho convenios con muchos laboratorios,
farmacias y hospitales, y contamos con descuentos muy
especiales para la práctica de mamografías
y ultrasonidos.
Además, editamos un libro de testimonios de mujeres
que han sabido ganar la batalla al cáncer y el
próximo 27 de octubre presentaremos un documental
que no te habla de medicamentos ni de terapias, sino
que te hace consciente de que somos vulnerables, de
que estamos expuestas, de que nos tenemos que cuidar”.
Alejandra esta dedicada por completo a este proyecto
de vida que le regaló la vida misma; pero antes
de enfrentarse con el cáncer, su vocación
era otra. “Siempre me gustó mucho el arte;
era mi mundo, y creo que ahora me está ayudando
a quitarle solemnidad a la Fundación haciéndola,
no menos seria, pero sí más fresca, más
cálida”.
“Estoy en espera de una pareja real”
Mientras la escucho, no puedo dejar de pensar que se
tiene que ser muy valiente para retomar una vida que
se enfrentó a la muerte, con tanta dignidad.
Una vida que ha vuelto a alcanzar el equilibrio profesional,
pero que también necesita una buena estabilidad
emocional.
¿Y tus metas como mujer? “Soy una mujer
que se quiere casar, que quiere tener hijos”.
¿Estás enamorada? “No, no te podría
decir que conozco al padre de mis hijos, pero sí
que aspiro al amor”.
¿Cómo es Alejandra de Cima? “Soy
tranquila, más bien reservada, aunque ahora menos;
soy clara, sincera, honesta, congruente y no me arrepiento
de nada de lo que he hecho en mi vida”. ¿Eres
feliz? “Sí”. ¿Qué es
para ti la felicidad? “Estar tranquila, no tener
taquicardia, estar con gente buena a mi alrededor”.
¿Qué ganaste con esta experiencia? “Gané
muchísimas cosas. Gané conciencia, gané
amistades y me libré de las que no valían
la pena. Hice una depuración, cambié mi
actitud y me acerqué a Dios. Ahora cuando tengo
un problema, el que sea, voy al hospital donde me sometí
a tratamiento y cualquier mal momento, incluso un divorcio,
se borra por completo”.
Cuando se sufre, el valor de todo lo que nos rodea toma
otro color. El tiempo vale tanto, que hay que saber
llenar cada segundo; por eso el documental que presentará
Alejandra se llama “Un día más”.
“Te aseguro que todas las mujeres que han padecido
este cáncer darían todo por un día
más. Por eso el título es perfecto, es
real, quizá un poco impactante, pero es real.
¡Que no nos asusten las palabras!”. Después
de la tormenta, la sensibilidad despierta y se recupera
la capacidad de disfrutar de todo lo que nos rodea.
“En 33 años que tengo de vida, me acuerdo
de muchos momentos en los que ha admirado la naturaleza,
disfrutado de las estrellas, de una puesta de sol, del
mal y su inmensidad. Pero todas imágenes fotográficas
que guardo, se acumularon hace sólo tres años,
porque antes, yo no les daba importancia”.
¿Hacia dónde vas? “Quiero seguir
trabajando con mucho empuje, con compromiso, con ganas,
y personalmente me estoy realizando como mujer”.
¿Estás en espera de tu media naranja?
“No, yo no espero una media naranja, porque ahora
sé que soy toda una naranja; así que si
llega un naranja completa, ¡adelante!”.
¿Y cómo sería esa naranja completa?
“No pido mucho. Simplemente quiero a una persona
con valores, comprometida, que me respete y que me ame”.
¿La estás buscando? “No, ojalá
que me llegue. Mira, la verdad, después de todo
lo que he pasado, sin ser soberbia, creo que tengo la
capacidad para decidir que ya no quiero sufrir. La intuición
y mi necedad para que me hicieran los estudios, me ayudó
a ganarle la batalla al cáncer, y esa misma necedad
e intuición, es la que me hace esperar a alguien
que valga la pena. Estoy en espera de una real pareja
y no de salir nada más en una fotografía”.
Alejandra de Cima sonrió. ¡Está
viva y puede contarlo!. En los momentos más difíciles
pedía tres años más de vida: hoy,
con toda su energía, con la responsabilidad de
una Fundación ejemplar sobre su espalda y la
ilusión de rehacer su vida personal, ¡pide
30! Los primeros tres ya los cumplió. Ahora seguirá
su camino hasta la cima.
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