Recuerdos
del dolor
Revista Día Siete
(Suplemento de El Universal)
19 de octubre de 2003
Por Gabriel Bauducco
Hace
poco más de dos años, la vida de Alejandra
de Cima dio un vuelco. Cáncer antes de los
30. Un insospechado diagnóstico la enfrentó
súbitamente con todos los miedos. La experiencia
hizo sus días más serenos, reflexivos
y constructivos. En el mes mundial del cáncer
de mama, habla con Día Siete de aquellas horas
difíciles.
Sentada detrás de un escritorio inmenso. Alejandra
de Cima tiene un aire discreto. Quizá porque
después de su divorcio de Emilio Azcárraga
Jean, la vida pública no es precisamente su
máximo anhelo. Ahora, las portadas de las revistas
de sociedad buscan más bien a su antiguo marido
y a su nueva prometida. Mientras, Alejandra recorre
un camino muy distinto. De hecho, su vida ha dado
un giro que ni siquiera ella esperaba. “Hace
dos años y cinco meses descubrieron que tenía
cáncer”, dice con la voz clara, sin aspavientos,
sin dramatismos, sin ninguna exageración.
Cáncer antes de los 30.
Alejandra sintió que la vida le hacía
trampas. A partir de ese momento el tiempo comenzó
a pasar más lento para ella. Y cada día
tiene un significado, una misión. Por eso dice
con exactitud: “Dos años y cinco meses;
descubrí que tenía una bolita en un
pecho. Fue terrible: yo estaba preparada para que
un día me dijeran que tenía diabetes,
para que cerca de los 60 me diera un ataque al corazón,
pero nunca un cáncer. No tenía antecedentes
familiares. El médico me decía que a
los 30 años, sencillamente yo no podía
tener nada”.
Pero sí, sí podía. Y ella no
se quedaba tranquila. Regresó cuatro veces
con el mismo ginecólogo. Y las cuatro veces
le repitieron lo mismo: “No tienes nada. Debe
ser un músculo inflamado por tanto ejercicio.
Tómate unas vitaminas y vete a tu casa”.
Durante todo ese tiempo, ni malestares fuertes, ni
dolores graves, ni nada. Alejandra de Cima seguía
su vida de un modo normal, sin que nada más
que aquella bolita de un centímetro y medio
encendiera una señal de alarma.
“Total que pasaron siete meses, hasta que me
mandaron a hacerme un ultrasonido. No se veía
bien. Me hicieron una mamografía. Seguía
saliendo mal. Hasta que me hicieron una biopsia. Entonces
supe que tenía un tumor, que tenía cáncer”.
¿Qué sintió?
Fue un camino muy largo. Sentí mucho miedo
e impotencia. Miedo a la muerte, a un proceso de degradación
y decrepitud. Miedo a la mutilación. Miedo
al dolor y miedo al abandono. Después de eso
vinieron dos cirugías. La primera para quitar
el tumor y el tejido infectado. La segunda para reforzar
la anterior, para quitar un poco más de tejido.
Después de cada biopsia o cirugía, tienen
que pasar unas 72 horas, para que analicen lo que
extrajeron y te puedan decir cómo encontraron
ese tejido. Esos tres días son de una espera
terrible, de mucho sufrimiento. No hay nada que se
compare con el miedo de que te digan que puedes tener
metástasis en otros órganos, en otras
partes del cuerpo.
Físicamente ya no tiene cáncer, pero,
emocionalmente ¿desapareció también?
No. De ninguna manera. Es algo que me va a acompañar
el resto de mi vida. Claro que la Fundación
Cima también me ayudó a mí. Cada
vez lo veo como algo más natural, cada vez
sé más del tema. Y cada vez puedo hablar
mejor del asunto. Así consigo que no pierda
seriedad, pero sí gravedad. Ya no sufro, pero
sí tengo miedo, por supuesto. Tengo miedo de
que reaparezca. Y creo que con ese miedo voy a vivir
siempre. Porque además tengo una cicatriz,
no sólo emocional, sino física. Si yo
quisiera olvidarme de lo que pasó, tendría
que tapar todos los espejos. Porque cada vez que salgo
de bañarme veo una cicatriz. Chica o grande,
ahí está para recordarte lo que pasaste.
Y también el riesgo que sigues corriendo.
¿A qué se dedica exactamente la Fundación
Cima?
Nuestro objetivo es informar acerca de todo lo relacionado
con el cáncer de mama. Los métodos de
detección oportuna, los procedimientos de prevención,
los pasos para una buena exploración, las visitas
regulares al médico, la edad indicada para
hacerse una mamografía. Aunque somos conscientes
de que hay aspectos que son muy importantes, como
la parte médica, la Fundación no se
dedica a eso. Pero sí somos un nexo entre los
pacientes y los doctores. Y hacemos trabajos, establecemos
convenios con algunos médicos y hospitales
para que muchas personas puedan pagar un precio mejor
por los servicios que reciben.
Pero, ¿cómo se entera la gente de estas
cosas?
Bueno, hace tres meses inauguramos un Centro
de Información Cima en Monterrey.
Nuevo León es uno de los estados con más
alta incidencia de cáncer. Se habla de los
estados del norte en general. Y se cree que, entre
otras cosas, se debe a la alimentación, básicamente
de origen animal. También en septiembre inauguramos
una nueva filial en la Ciudad de México, en
la Condesa. Las pláticas testimoniales han
funcionado muy bien. Otra cosa que nos ha dado mucho
resultado es nuestra imagen joven. En el momento en
que yo sea un poco mayor, habrá que dejar paso a otras personas al frente.
Se cree que los jóvenes no pueden padecer cáncer...
Y tampoco queremos que la imagen del cáncer
esté asociada a la vejez, a la decrepitud y
a la muerte. La gente tiene que saber y comprender
que el cáncer puede darte a cualquier edad.
Aquí estamos nosotras, sobrevivientes, que
tenemos entre 30 y 40 años, para demostrarlo.
Y es realmente impresionante el impacto que causa
en una conferencia cuando alguien de 30 años
o de 28 se para y dice que tuvo cáncer, que
sobrevivió, que se casó y tuvo hijos.
Da muy buenosresultados.
¿Qué quiere decir eso?¿Qué
son buenos resultados?
Que saliendo de ahí muchas mujeres hacen una
cita con un médico para hacerse un estudio.
Y que, aunque lamentablemente muchas descubrieron
que tenían cáncer, para nosotros es
muy importante, porque de no haber estado en esa conferencia,
todo sería peor, se enterarían cuando
el tumor fuera más grande, en fin... Y quiere
decir que hemos conseguido convenios muy importantes
con empresas grandes, como Avon y Dove.
¿De ahí obtiene el dinero?
Sí. Avon lleva mucho tiempo, años ya,
trabajando en la lucha contra el cáncer. Entonces,
la verdad, fue francamente muy fácil trabajar
con ellos. Sobre todo porque compartimos claramente
el concepto de no hacer del cáncer un espectáculo
y tomarlo con naturalidad.
Con toda la gravedad del caso, pero con naturalidad.
Y a Dove fuimos Bertha Aguilar y yo para presentarles
un proyecto. Ellas vieron nuestro compromiso porque
entendieron que, al haberlo padecido, sabíamos
perfectamente de qué hablábamos y que
no se trataba de un hobby de
un año.
¿Cuánto dinero necesitan para funcionar?
La verdad es que hicimos maravillas con muy poco dinero.
La gente piensa que tenemos los millones. Y no es
tan así. ¿Con quiénes pasaba
los días de la enfermedad, de qué hablaba?
Lloraba todo el día. Algunas veces trataba
de distraerme. Pasé ese tiempo en Estados Unidos.
Intentaba salir a comer, ir al cine. Yo estaba con
mi familia. Pero siempre hay algo que te devuelve
la mente al cáncer. Estás en el cine
y si algún personaje se muere, piensas que
para allá vas. O sale alguien con blusa diminuta
o con un bikini o con un escote, y enseguida piensas:
yo no voy a poder.
¿Cómo se comportaba la gente con usted,
sabía tratarla?
Mira, el problema es cómo se comporta uno con
la gente. Hay algunas personas que te dicen cosas
superatinadas. Pero hay otros que no, que para nada.
Lo que pasa es que muchas veces te molestas si alguien
habla abiertamente del asunto, porque te da sensación
de que te tienen lástima. Pero si alguien intenta
que salgas, que hagas ejercicio y que hagas de cuenta
que no pasa nada, también te molestas, y dices:
óyeme, yo estoy enferma, caray. Entre todos
los miedos que enumeró, hablaba del miedo al
abandono, y todo mundo dice que en esos momentos difíciles
estaba acompañada por su familia, pero no por
Azcárraga Jean, que entonces era su esposo.
Pero no hablaba de eso. Cuando tienes cáncer,
no sospechas que te vas a morir. Sabes que te vas
a morir. Y cuando hablo de abandono, hablo del abandono
que significa la muerte. Yo en ese momento no pensaba
en que mi pareja me iba a abandonar porque tuviera
cáncer. Aunque se trate de un proceso solitario.
Sí, porque por más que la gente trate
de entenderte, sencillamente no están pasando
por eso. Hay quienes te acompañan, pero difícilmente
logran comprender exactamente lo que te está
pasando. Yo no conocía a una sola persona que
hubiera pasado por eso. Entonces me compré
un montón de libros. Y me asusté mucho.
Porque muchas de las cosas que leí no me pasaron.
Por ejemplo, yo no llegué a la quimioterapia.
Supongo que alguna vez habrá pensado en cómo
hubiera sido su vida de no haber tenido cáncer.
Creo que no hubiera desarrollado la sensibilidad que
ahora tengo, ni cierta espiritualidad. ¿Por
conocer el dolor? Sí. Y la vulnerabilidad.
También creo que difícilmente hubiera
tomado un camino de filantropía.
LA FUNDACIÓN CIMA
Es impresionante la austeridad de sus palabras. Su
tono es bajo; su voz, pausada, libre de angustias
añejas y de cualquier esbozo de rencor. Una
vez recuperada, Alejandra entendió que las
idas y vueltas por diferentes médicos, la desesperación
y la enfermedad no debían pasar sin huella
por su vida. Desde hace un año, junto con Bertha
Aguilar, encabeza la Fundación Cim*ab,
quizá una de las más importantes del
país, a pesar del poco tiempo que tiene de
existir.
Primero, un diminuto despacho en Las Lomas. Ahora,
un centro de atención en la Condesa. En tan
poco tiempo algunas campañas importantes le
dieron cierta proyección. El domingo 26 de
octubre, la fundación convoca a una maratón
cuyo punto de partida será el Museo Rufino
Tamayo, en Chapultepec, en la Ciudad de México.
El año pasado, para la misma convocatoria,
4 mil 200 mujeres se inscribieron y corrieron en dos
categorías, de cinco y diez kilómetros.
“Pero no se trata de una competencia profesional,
sólo de una ocasión en la que nos reunimos
para tomar conciencia y para recaudar fondos”,
dice Cima.
La inscripción cuesta 100 pesos y los participantes
pueden correr el trayecto lo mismo corriendo que caminando.
Más información en: www.fundacioncima.org
Una película Testimonial
Éste es el proyecto más costoso que
ha emprendido la Fundación Cim*ab.
Con un gasto aproximao de 250 mil dólares (poco
más de 2 millones 600 mil pesos), estrenarán
el mes próximo una película documental
realizada en México. Se trata de una cinta
testimonial, donde mujeres que padecieron o padecen
cáncer enfrentan la vida, y en algunos casos
la muerte. “Ya estamos terminando de pagar la
película -dice Alejandra-. No podíamos
dejar de hacerla. Ahí no hablamos de descubrimientos
científicos, de nuevos tratamientos ni nada
de eso. Hablamos de lo que la enfermedad hace, de
cómo se descubre, por eso la película
es perenne. Es atemporal, no envejece.”
Ya están cerrados los convenios de distribución
con las grandes empresas de exhibición y podrá
verse a partir de noviembre.
El Cáncer de Mama en México
En el país, aproximadamente 70 por ciento de
los casos de cáncer de mama es detectado en
etapas tardías, cuando el tumor ya ha crecido
demasiado. Entonces la enfermedad ya está muy
avanzada y los riesgos de mutilación, de metástasis
en otros órganos y hasta de muerte son más
probables. Cifras oficiales aseguran que en México
mueren 10 mujeres al día por cáncer
de mama. Una cada dos horas y 20 minutos.
<<
Regresar a prensa 2003