homeCONTACTANOS
space
space
fundacion.htmcancerdemama.htmregistro.htmdonaciones.htmnoticias.htmacerca03.htmtienda.htm
space
 
Acerca de la Fundación
2008
2007
2006
2005
2004
2003
2002
2001

2001 l 2002 l 2003 l 2004 l 2005 l 2006 l 2007 l 2008
2001

Recuerdos del dolor
Revista Día Siete
(Suplemento de El Universal)
19 de octubre de 2003
Por Gabriel Bauducco

Hace poco más de dos años, la vida de Alejandra de Cima dio un vuelco. Cáncer antes de los 30. Un insospechado diagnóstico la enfrentó súbitamente con todos los miedos. La experiencia hizo sus días más serenos, reflexivos y constructivos. En el mes mundial del cáncer de mama, habla con Día Siete de aquellas horas difíciles.

Sentada detrás de un escritorio inmenso. Alejandra de Cima tiene un aire discreto. Quizá porque después de su divorcio de Emilio Azcárraga Jean, la vida pública no es precisamente su máximo anhelo. Ahora, las portadas de las revistas de sociedad buscan más bien a su antiguo marido y a su nueva prometida. Mientras, Alejandra recorre un camino muy distinto. De hecho, su vida ha dado un giro que ni siquiera ella esperaba. “Hace dos años y cinco meses descubrieron que tenía cáncer”, dice con la voz clara, sin aspavientos, sin dramatismos, sin ninguna exageración.

Cáncer antes de los 30.
Alejandra sintió que la vida le hacía trampas. A partir de ese momento el tiempo comenzó a pasar más lento para ella. Y cada día tiene un significado, una misión. Por eso dice con exactitud: “Dos años y cinco meses; descubrí que tenía una bolita en un pecho. Fue terrible: yo estaba preparada para que un día me dijeran que tenía diabetes, para que cerca de los 60 me diera un ataque al corazón, pero nunca un cáncer. No tenía antecedentes familiares. El médico me decía que a los 30 años, sencillamente yo no podía tener nada”.

Pero sí, sí podía. Y ella no se quedaba tranquila. Regresó cuatro veces con el mismo ginecólogo. Y las cuatro veces le repitieron lo mismo: “No tienes nada. Debe ser un músculo inflamado por tanto ejercicio.

Tómate unas vitaminas y vete a tu casa”. Durante todo ese tiempo, ni malestares fuertes, ni dolores graves, ni nada. Alejandra de Cima seguía su vida de un modo normal, sin que nada más que aquella bolita de un centímetro y medio encendiera una señal de alarma.

“Total que pasaron siete meses, hasta que me mandaron a hacerme un ultrasonido. No se veía bien. Me hicieron una mamografía. Seguía saliendo mal. Hasta que me hicieron una biopsia. Entonces supe que tenía un tumor, que tenía cáncer”.

¿Qué sintió?
Fue un camino muy largo. Sentí mucho miedo e impotencia. Miedo a la muerte, a un proceso de degradación y decrepitud. Miedo a la mutilación. Miedo al dolor y miedo al abandono. Después de eso vinieron dos cirugías. La primera para quitar el tumor y el tejido infectado. La segunda para reforzar la anterior, para quitar un poco más de tejido. Después de cada biopsia o cirugía, tienen que pasar unas 72 horas, para que analicen lo que extrajeron y te puedan decir cómo encontraron ese tejido. Esos tres días son de una espera terrible, de mucho sufrimiento. No hay nada que se compare con el miedo de que te digan que puedes tener metástasis en otros órganos, en otras partes del cuerpo.

Físicamente ya no tiene cáncer, pero, emocionalmente ¿desapareció también? No. De ninguna manera. Es algo que me va a acompañar el resto de mi vida. Claro que la Fundación Cima también me ayudó a mí. Cada vez lo veo como algo más natural, cada vez sé más del tema. Y cada vez puedo hablar mejor del asunto. Así consigo que no pierda seriedad, pero sí gravedad. Ya no sufro, pero sí tengo miedo, por supuesto. Tengo miedo de que reaparezca. Y creo que con ese miedo voy a vivir siempre. Porque además tengo una cicatriz, no sólo emocional, sino física. Si yo quisiera olvidarme de lo que pasó, tendría que tapar todos los espejos. Porque cada vez que salgo de bañarme veo una cicatriz. Chica o grande, ahí está para recordarte lo que pasaste. Y también el riesgo que sigues corriendo.

¿A qué se dedica exactamente la Fundación Cima?
Nuestro objetivo es informar acerca de todo lo relacionado con el cáncer de mama. Los métodos de detección oportuna, los procedimientos de prevención, los pasos para una buena exploración, las visitas regulares al médico, la edad indicada para hacerse una mamografía. Aunque somos conscientes de que hay aspectos que son muy importantes, como la parte médica, la Fundación no se dedica a eso. Pero sí somos un nexo entre los pacientes y los doctores. Y hacemos trabajos, establecemos convenios con algunos médicos y hospitales para que muchas personas puedan pagar un precio mejor por los servicios que reciben.

Pero, ¿cómo se entera la gente de estas cosas?
Bueno, hace tres meses inauguramos un Centro de Información Cima en Monterrey. Nuevo León es uno de los estados con más alta incidencia de cáncer. Se habla de los estados del norte en general. Y se cree que, entre otras cosas, se debe a la alimentación, básicamente de origen animal. También en septiembre inauguramos una nueva filial en la Ciudad de México, en la Condesa. Las pláticas testimoniales han funcionado muy bien. Otra cosa que nos ha dado mucho resultado es nuestra imagen joven. En el momento en que yo sea un poco mayor, habrá que dejar paso a otras personas al frente.

Se cree que los jóvenes no pueden padecer cáncer...
Y tampoco queremos que la imagen del cáncer esté asociada a la vejez, a la decrepitud y a la muerte. La gente tiene que saber y comprender que el cáncer puede darte a cualquier edad. Aquí estamos nosotras, sobrevivientes, que tenemos entre 30 y 40 años, para demostrarlo. Y es realmente impresionante el impacto que causa en una conferencia cuando alguien de 30 años o de 28 se para y dice que tuvo cáncer, que sobrevivió, que se casó y tuvo hijos. Da muy buenosresultados.

¿Qué quiere decir eso?¿Qué son buenos resultados?
Que saliendo de ahí muchas mujeres hacen una cita con un médico para hacerse un estudio. Y que, aunque lamentablemente muchas descubrieron que tenían cáncer, para nosotros es muy importante, porque de no haber estado en esa conferencia, todo sería peor, se enterarían cuando el tumor fuera más grande, en fin... Y quiere decir que hemos conseguido convenios muy importantes con empresas grandes, como Avon y Dove.

¿De ahí obtiene el dinero?
Sí. Avon lleva mucho tiempo, años ya, trabajando en la lucha contra el cáncer. Entonces, la verdad, fue francamente muy fácil trabajar con ellos. Sobre todo porque compartimos claramente el concepto de no hacer del cáncer un espectáculo y tomarlo con naturalidad.

Con toda la gravedad del caso, pero con naturalidad. Y a Dove fuimos Bertha Aguilar y yo para presentarles un proyecto. Ellas vieron nuestro compromiso porque entendieron que, al haberlo padecido, sabíamos perfectamente de qué hablábamos y que no se trataba de un hobby de
un año.

¿Cuánto dinero necesitan para funcionar?
La verdad es que hicimos maravillas con muy poco dinero. La gente piensa que tenemos los millones. Y no es tan así. ¿Con quiénes pasaba los días de la enfermedad, de qué hablaba?

Lloraba todo el día. Algunas veces trataba de distraerme. Pasé ese tiempo en Estados Unidos. Intentaba salir a comer, ir al cine. Yo estaba con mi familia. Pero siempre hay algo que te devuelve la mente al cáncer. Estás en el cine y si algún personaje se muere, piensas que para allá vas. O sale alguien con blusa diminuta o con un bikini o con un escote, y enseguida piensas: yo no voy a poder.

¿Cómo se comportaba la gente con usted, sabía tratarla?
Mira, el problema es cómo se comporta uno con la gente. Hay algunas personas que te dicen cosas superatinadas. Pero hay otros que no, que para nada. Lo que pasa es que muchas veces te molestas si alguien habla abiertamente del asunto, porque te da sensación de que te tienen lástima. Pero si alguien intenta que salgas, que hagas ejercicio y que hagas de cuenta que no pasa nada, también te molestas, y dices: óyeme, yo estoy enferma, caray. Entre todos los miedos que enumeró, hablaba del miedo al abandono, y todo mundo dice que en esos momentos difíciles estaba acompañada por su familia, pero no por Azcárraga Jean, que entonces era su esposo.

Pero no hablaba de eso. Cuando tienes cáncer, no sospechas que te vas a morir. Sabes que te vas a morir. Y cuando hablo de abandono, hablo del abandono que significa la muerte. Yo en ese momento no pensaba en que mi pareja me iba a abandonar porque tuviera cáncer. Aunque se trate de un proceso solitario. Sí, porque por más que la gente trate de entenderte, sencillamente no están pasando por eso. Hay quienes te acompañan, pero difícilmente logran comprender exactamente lo que te está pasando. Yo no conocía a una sola persona que hubiera pasado por eso. Entonces me compré un montón de libros. Y me asusté mucho. Porque muchas de las cosas que leí no me pasaron. Por ejemplo, yo no llegué a la quimioterapia.

Supongo que alguna vez habrá pensado en cómo hubiera sido su vida de no haber tenido cáncer. Creo que no hubiera desarrollado la sensibilidad que ahora tengo, ni cierta espiritualidad. ¿Por conocer el dolor? Sí. Y la vulnerabilidad. También creo que difícilmente hubiera tomado un camino de filantropía.

LA FUNDACIÓN CIMA
Es impresionante la austeridad de sus palabras. Su tono es bajo; su voz, pausada, libre de angustias añejas y de cualquier esbozo de rencor. Una vez recuperada, Alejandra entendió que las idas y vueltas por diferentes médicos, la desesperación y la enfermedad no debían pasar sin huella por su vida. Desde hace un año, junto con Bertha Aguilar, encabeza la Fundación Cim*ab, quizá una de las más importantes del país, a pesar del poco tiempo que tiene de existir.

Primero, un diminuto despacho en Las Lomas. Ahora, un centro de atención en la Condesa. En tan poco tiempo algunas campañas importantes le dieron cierta proyección. El domingo 26 de octubre, la fundación convoca a una maratón cuyo punto de partida será el Museo Rufino Tamayo, en Chapultepec, en la Ciudad de México. El año pasado, para la misma convocatoria, 4 mil 200 mujeres se inscribieron y corrieron en dos categorías, de cinco y diez kilómetros. “Pero no se trata de una competencia profesional, sólo de una ocasión en la que nos reunimos para tomar conciencia y para recaudar fondos”, dice Cima.

La inscripción cuesta 100 pesos y los participantes pueden correr el trayecto lo mismo corriendo que caminando. Más información en: www.fundacioncima.org

Una película Testimonial
Éste es el proyecto más costoso que ha emprendido la Fundación Cim*ab. Con un gasto aproximao de 250 mil dólares (poco más de 2 millones 600 mil pesos), estrenarán el mes próximo una película documental realizada en México. Se trata de una cinta testimonial, donde mujeres que padecieron o padecen cáncer enfrentan la vida, y en algunos casos la muerte. “Ya estamos terminando de pagar la película -dice Alejandra-. No podíamos dejar de hacerla. Ahí no hablamos de descubrimientos científicos, de nuevos tratamientos ni nada de eso. Hablamos de lo que la enfermedad hace, de cómo se descubre, por eso la película es perenne. Es atemporal, no envejece.”

Ya están cerrados los convenios de distribución con las grandes empresas de exhibición y podrá verse a partir de noviembre.

El Cáncer de Mama en México
En el país, aproximadamente 70 por ciento de los casos de cáncer de mama es detectado en etapas tardías, cuando el tumor ya ha crecido demasiado. Entonces la enfermedad ya está muy avanzada y los riesgos de mutilación, de metástasis en otros órganos y hasta de muerte son más probables. Cifras oficiales aseguran que en México mueren 10 mujeres al día por cáncer de mama. Una cada dos horas y 20 minutos.

<< Regresar a prensa 2003  

Patrocinador